10 agosto 2013

DE PUTAS


Ir de putas tiene al menos dos ventajas. Primera: quien va de putas disfruta de una situación económica y personal lo suficientemente desahogada como para no tener que prostituirse. La segunda es aun mejor: el putero puede permitirse el lujo añadido de creerse mejor que quien ejerce la prostitución, limpio frente a quien es sucio, bueno frente a quien es malo. Por eso da lecciones sobre la virtud hablando desde la atalaya en que le sitúa la hipócrita superioridad moral de la que hace gala. Curioso mercado en el que comprar a quien vende lava más blanco, pero vender a quien compra mancha más sucio.

Hace unas semanas Joaquín Prat daba el salto a la primera línea de la telebasura y aquí le deseábamos mucha mierda. Pues la está teniendo. Hace unos días regaron con chocolate a una concursante de “Campamento de verano” (a quien primero dejaron en biquini) mientras sonaba la música de “Nueve semanas y media”. Prat se explicaba así ante el enfado de ella:
- Nosotros lo único que queríamos era endulzarte la boca. De hecho teníamos pensado que tus compañeros disfrutasen también de la sorpresa ayudándote a desprenderte del chocolate a lametazos. Has malinterpretado lo que queríamos.
- Si tú me dices “ahora que tus compañeros te laman el chocolate” ¿qué me quieres decir? ¡Ven tú y lámeme el… Lámemelo, si quieres. ¿Por qué me tienes que decir que cualquiera de mis compañeros me laman algo? ¿Por qué?
Bien fácil: por conveniencia, por interés, en fin, por dinero. Pero sin mala conciencia.

Anteayer entrevistaba en “El programa del verano” a una señora que estos días recorre Telecinco contando su vida sexual. Él, muy decente, primero dejó claro que jamás contaría esas cosas en la tele. Luego fue a lo suyo y, antes de pasársela a los contertulios del programa, le preguntó con el mismo interés que había mostrado a principios de semana cuando enseñó un vídeo sexual privado a una chica que salía en él. Todo sin mancharse y con esa dignidad podrida que gasta el putero en su atalaya.