10 agosto 2015

LA VELOCIDAD DE LA LUZ


Los que tenemos debilidad por el mundo antiguo disfrutamos el pasado sábado viendo “Astérix y Obélix: Misión Cleopatra” (Cuatro) y “Alejandro Magno” (La 1). La película protagonizada por nuestros galos favoritos y por una bellísima Monica Bellucci encarnando a Cleopatra sigue siendo tan divertida como siempre, y la película de Stone sobre Alejandro sigue mejorando en cada pase.  A los puristas de la historia no les hacen mucha gracia los rotundos anacronismos de “Astérix y Obélix: Misión Cleopatra”, pero eso es como molestarse porque en “El  planeta de los simios” una nave espacial viaja a la velocidad de la luz sin tener en cuenta que cuando la velocidad de un objeto se aproxima a la velocidad de la luz su masa se aproxima también a infinito. De acuerdo, la Cleopatra de Astérix y Obélix es un compendio de tópicos aliñado con un superficialísimo análisis de las relaciones entre la última reina de Egipto y Julio César. ¿Y qué? Si los puristas quieren enfadarse, que se peleen con alguien de su tamaño. Por ejemplo, Oliver Stone. 

El “Alejandro Magno” de Stone no quiere parecerse a “Troya” sino que, como reconoció el propio director, pretende ser una parábola sobre los afanes expansionistas de Estados Unidos (Alejandro llega a Oriente como los norteamericanos llegaron a Vietnam o Sudamérica), pero todos se quedaron con la anécdota de la bisexualidad de Alejandro. Stone, que se define como un producto del siglo XX, quiso ofrecer lecciones a partir de Alejandro que fueran de utilidad en nuestros días, y esas lecciones pueden gustarnos o no, pero el cine está precisamente para eso y para entretener, no para reproducir más o menos fielmente la vida y milagros laicos de un Alejandro o una Cleopatra. Uno de los personajes secundarios de “Astérix y Obélix: Misión Cleopatra”, un humilde legionario, dice mientras los romanos destruyen un palacio: “Me pregunto si es necesaria tanta violencia”. Buena pregunta. Yo no me enfadaría mucho si, en la película de Stone, las últimas palabras de Alejandro no tuvieran nada que ver con Plutarco, sino con la reflexión del legionario romano: “Me pregunto si fue necesaria tanta violencia”. En el cine, las naves espaciales viajan a la velocidad de la luz y los personajes históricos se hacen preguntas muy difíciles de contestar.