18 agosto 2015

SECRETOS AMARILLOS


Decía el escritor estadounidense Gore Vidal que el problema de las edades de oro es que, si vives una, todo te parece un poco amarillo. Vivimos la edad de oro de las series televisivas, así que el problema es que todas las series nos parecen un poco amarillas, ya se trate de las nuevas temporadas de “True Detective” y de “Orange is the new black” o del estreno de “Secretos y mentiras” (Telecinco). El oro es amarillo, pero no todo lo amarillo es oro: el plátano plata no es, pero tampoco oro; la agüita amarilla de “Los Toreros Muertos” que pasa por debajo de tu casa, de tu familia y de tu lugar de trabajo tampoco es oro; el submarino amarillo de los “Beatles” no es de oro. “Secretos y mentiras” es una serie del color del plátano, de la agüita provocada por beber cuarenta cervezas y del submarino salido de la imaginación de Paul McCartney. Reluce, pero no es de oro.

Algo falla cuando el estreno de “Secretos y mentiras” tuvo menos audiencia que la comedia “Amor con preaviso” (La 1), protagonizada por, cielo santo, Sandra Bullock. Algo falla cuando Telecinco obliga a los espectadores a tragar seguidos y casi sin poder masticar  los tres primeros capítulos de “Secretos y mentiras”, probablemente siguiendo órdenes de algún Fu-Manchú que ha tomado el poder en la cadena de Mediaset. Algo falla cuando los giros de guion de “Secretos y mentiras” son una mezcla entre un caso de “De buena ley”, una trifulca de “Mujeres y hombres y viceversa” y una película de Hitchcock con falso culpable rodada a toda prisa. Algo falla cuando la implacable detective interpretada por Juliette Lewis tiene siempre la misma cara de haber comido almendras amargas, se mueve como un Terminator y se parece al fantasma de las navidades futuras. Alfo falla cuando los personajes secundarios de “Secretos y mentiras” tienen menos chicha que un día en la vida de Alaska y Mario. Pero algo funciona en “Secretos y mentiras” cuando nos quedamos plantados delante del televisor para saber quién mató al pequeño Tom. Algo funciona cuando una serie amarilla se vende a precio de oro.