14 agosto 2015

SIETE MINUTOS EN EL AÑO 69


Los espectadores agradecemos que las cadenas televisivas nos informen de la duración de las interrupciones publicitarias porque así sabemos, más o menos, a qué atenernos. Volvemos en treinta segundos. Bueno, nos quedamos. Volvemos en tres minutos. Mmmmmmmmm. No sé, ya veremos. Volvemos en siete minutos. Vale, muchas gracias por la información. Adiós. Nos vamos a zapear un poco por ahí. 

Hay que estar muy seguro de uno mismo para amenazar al espectador con siete minutazos de publicidad y confiar en que no se vaya o, al menos, que vuelva. Personalmente, cuando escucho eso de “Volvemos en siete minutos” presto atención a mi “daimon”, como hacía Sócrates, y me sucede lo mismo que al filósofo griego porque el “daimon” siempre me disuade de lo que voy a hacer, jamás me incita. Así, mi voz interior no me incita a tirar el televisor por la ventana o dedicar esos siete minutos a la experiencia vacía del sexo sin amor a pesar de que, como nos enseñó Woody Allen, como experiencia vacía el sexo sin amor es una de las mejores. Mi voz interior intenta disuadirme de asesinar al pobre televisor y de abandonar mi programa favorito en favor de una experiencia vacía. Y lo suele conseguir. Pero reconozco que no puedo aguantar siete minutos de publicidad. Y eso convierte a esos siete minutos en el año 69 d. C.

El año 69 en Roma, conocido como “el año de los cuatro emperadores”, cuatro aspirantes al poder, y sus tropas, combatieron para llegar a lo más alto del imperio y los cuatro gobernaron en una rapidísima y caótica sucesión. Los siete minutos de publicidad son como el año 69 porque, de repente, cuatro o incluso más programas televisivos compiten por llegar a la cima de mi atención e intentan derrocar al programa que hasta entonces se sentaba en el trono. Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano se van sucediendo y, claro, siete minutos después ya no me apetece volver a la Roma de Nerón. Siete minutos en el año 69 son muchos minutos. Cinco minutos, e incluso seis, son otra cosa. Al escuchar “Volvemos en cinco minutos” mi “daimon” no tiene que disuadirme de nada y no se desata ninguna lucha por el poder televisivo. Qué rara es la vida en Roma, ¿no?

2 comentarios:

Miguel A. Oroz dijo...

Lo malo del "Volvemos en 6 minutos" es que suele ir seguido muchas veces por un regreso fugaz -menos de 20 segundos- para marcharse de nuevo durante otro "Volvemos en (ahora) 7 minutos". Y ahí sí que hay que contenerse para no ir a las casas de los directivos de la cadena y... y... Mejor me callo

Victor Guallar dijo...

Coincido en su totalidad con lo que dice D. Miguel A. Oroz. Tan de acuerdo que si algun dia decide mandar a los "ejecutivos" de esas cadenas al carajo, lo acompañaré con mucho gusto.