04 agosto 2015

"SÁLVAME" COMO CÁNCER


“Sálvame” crece sin parar. Comenzó siendo un programa de sobremesa menor; rápidamente invadió la media tarde y se extendió casi hasta la cena. No se detuvo ahí. Al cabo de pocos meses fue detectado igualmente durante la noche de los viernes. Había variado algo su morfología, pero seguía siendo inequívocamente “Sálvame”: los temas aburridos, la ideología repugnante, la explotación hasta el asco de las pasiones más simplonas y aborregadoras. Durante meses parecía que “Sálvame” había detenido su crecimiento ocupando todas las tardes entre semana y la noche de los viernes, pero esta semana se ha extendido también a la noche de los sábados con nuevo éxito de audiencia. “Sálvame” es una lacra que comenzó en un punto de la programación televisiva y ha ido invadiendo rápidamente otras partes de la programación que hasta entonces se encontraban sanas. Ya no cabe ninguna duda: “Sálvame” no es un programa de televisión, “Sálvame” es un cáncer.

Y la nueva metástasis de la noche del sábado nos habla del vigor del tumor al que nos enfrentamos y de las inmensas posibilidades de nuevos crecimientos en zonas de tejido sano que todavía conserva. La buena noticia es que los avances médicos contra esta enfermedad, lentos pero continuados, están reduciendo notablemente sus tasas de mortalidad. “Sálvame” puede tener cura si se combina adecuadamente la extirpación quirúrgica de Jorge Javier Vázquez, la radiación a Belén Esteban y la quimioterapia contra el resto de células que flotan por el plató. Conviene no olvidar los tratamientos que buscan cortar las vías de alimentación del tumor: si se consiguiera desviar a los millones de espectadores de “Sálvame” hacia otras partes del organismo su creciento se vería claramente limitado. Es necesario intervenir cuanto antes. De no hacerlo así, el programa de Telecinco pronto invadirá también la noche de los domingos, y después todas las noches entre semana, y luego las mañanas una a una, hasta la muerte de la televisión.