30 octubre 2015

JUSTIN EN EL HIMALAYA

Al oeste del Himalaya, en uno de los valles más remotos del norte de la India, tiene lugar todos los años una ceremonia mística de sumo interés. Tras jornadas de duro camino, cientos de kilómetros a través de escarpadas rutas de montaña, cerca de cincuenta mil peregrinos se reúnen para asistir al rito del mandala de Kalachakra. Los mandalas son laboriosísimos diseños hechos de forma minuciosa a base de arenas de diferentes colores, que los monjes budistas elaboran pacientemente con la única finalidad de destruirlos posteriormente ante los asistentes. Una vez que los miles de peregrinos se han reunido, el mandala es barrido con desapego por los mismos monjes que pasaron muchos días y noches creándolo, y las arenas son vertidas a un río cercano. “Kalachakra” significa “la rueda del tiempo”, y la construcción y destrucción del mandala hace que los iniciados asuman el fin de todas las cosas, la creación y destrucción completa del espacio y del tiempo. Gracias a la ceremonia del mandala de Kalachakra, los seres vivos consiguen entrar y al mismo tiempo salir del ciclo de la vida, la muerte y la reencarnación, vencer al Samsara.

Claro que a lo mejor se puede conseguir la misma experiencia transformadora sin necesidad de irse al Himalaya. Por ejemplo, viendo a Justin Bieber en “El hormiguero”. La vivencia de contemplar la entrevista que Pablo Motos realizó a ese extraño ser encapuchado también hizo que los espectadores nos uniéramos al fin de todas las cosas, que nos disolviéramos en la destrucción del espacio y del tiempo, que venciéramos al Samsara. Simplemente, no se puede ser más gilipollas, por mucho que repitamos una y otra vez los ciclos de las reencarnaciones. Como cierre del programa, el Hombre de Negro le presentó una estatua de arena que dijo haber requerido de muchos días de trabajo por parte de su equipo, y luego el propio Justin la destruyó ante cientos de fans peregrinas que ahogaban sus gritos mistéricos tapándose la boca con las manos. El mismísimo Dalai Lama, de haber estado presente, pierde los nervios, le cruza la cara de un guantazo y le manda a la mierda.