01 octubre 2015

"YO, PRIMATÓLOGO"


Es apasionante ver en “Yo, mono” (La 2) los paralelismos que existen entre la conducta humana y la conducta de los primates, cómo nos parecemos en nuestras reacciones de defensa, en la organización del liderazgo, en algunos aspectos de las estructuras sociales. Me muero de ganas de llegar al programa de la serie en donde el antropólogo Pablo Herreros nos explique cuáles son las raíces simiescas de la conducta de preguntarse acerca de los paralelismos que existen entre la conducta humana y la conducta de los primates, incluyendo el peculiar comportamiento humano consistente en realizar programas de televisión sobre este asunto.

Es un atasco que parece insalvable en todas las ciencias humanas. Cualquier teoría acerca de la conducta humana ha de ser aplicable a la propia conducta de realizar teorías acerca de la conducta humana. ¿Estamos movidos por pasiones libidosas inconscientes, como entendía Freud? Entonces la propia formulación del psicoanálisis sólo ha de ser el resultado de pasiones libidinosas inconscientes del propio Freud. ¿Nuestra conducta es el resultado de cómo nos ha condicionado el ambiente, como suponía Watson? Entonces Watson decía eso sólo porque el ambiente le había condicionado para decirlo. ¿La explicación de nuestro comportamiento se halla en nuestra raíz biológica, primate, simiesca, como se dice tan a la ligera en “Yo, mono” y en muchas de las obras de etología y primatología epistemológicamente más débiles? Pues entonces Pablo Herreros los domingos por la tarde en La 2 sólo es un mono expresando unas habilidades genéticas seleccionadas por su valor adaptativo a las sabanas africanas subtropicales durante el plioceno.

Somos monos que hacemos cosas que tienen difícil explicación si no miramos más allá de nuestra naturaleza simiesca. Por ejemplo, hacemos interesantes programas de televisión que intentan explicar el comportamiento humano no mirando más allá de nuestra naturaleza simiesca. No somos monos y la prueba es “Yo, mono”.