05 febrero 2016

LLÁCER, VUELVE PRONTO


Como en la vida, en la televisión el mal nunca descansa. El bien lo hace a veces, agotado, reflexivo. Como las personas, la televisión produce excrementos a diario y sólo ocasionalmente da lugar a algo defendible. “Tu cara me suena” termina en la noche de los viernes, pero “Sálvame Deluxe”, como el mal, como los excrementos, no termina nunca. (Larga digresión: ¿TCMS es un buen programa de televisión? Recordemos la Teoría de la Relatividad Televisiva: no existe la bondad absoluta de los programas, sino una bondad relativa a los demás programas con los que compite por la audiencia. Si TCMS se disputara los espectadores contra la segunda temporada de “Fargo”, podríamos afirmar que el show de Antena 3 sería una auténtica birria. Pero teniendo en cuenta que el concurso de imitadores famosos pelea por el mismo segmento de audiencia que “Sálvame”, hemos de concluir que TCMS es uno de los mejores espacios de la televisión generalista del momento. Fin de la digresión. Regresemos al discurso).

No es el menor de los males de “Sálvame” que sus temporadas no terminan nunca. La inmensa bola fecal que arrastra montaña arriba con cada emisión reaparece en la llanura cada tarde y hay que volver a pasarse horas y horas empujándola hacia ninguna parte. Durante estas pasadas semanas TCMS libró una guerra de forma eficaz contra el “Deluxe”, ganó varias de las batallas y adoptó la única estrategia que puede vencer a la telebasura: un entretenimiento eficaz e ingenioso que no esté basado en la explotación de las pasiones humanas más miserables y los valores más antisociales. Las imitaciones de Ruth Lorenzo y Edu Soto han hecho más daño al estercolero de Mediaset que mil columnas de críticos de televisión y de catedráticos de ética.

Pero el bien descansa y Jorge Javier Vázquez no. Las temporadas de TCMS se terminan, pero Steisy y Matamoros e Isa Pantoja no se terminan nunca. Hasta que comience la próxima temporada del show de Antena 3, el mal vuelve a tener el monopolio de la noche de los viernes. Jamás pensé que diría algo así, pero, por favor, Llácer, vuelve pronto.