2/2/16

PREMIOS ¡BRAVO!


La Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal Española no otorgará el Premio ¡Bravo! de Televisión a la serie documental “Yo, dictadora” de Canal Historia en la puñetera vida.

Ayer hablábamos de Carmen Polo, una de las primeras damas de las que trata esta serie, pero hay otras a cual más infames: Imelda Marcos, de Filipinas; Nexhmije Hoxha, de Albania; Jewel Taylor, de Liberia; Lucía Hiriart, de Chile; Elena Ceaușescu, de Rumanía… Esta es una serie que nunca recibirá el premio ¡Bravo! Por ser tan imprescindible como desagradable. No solo anuncia que se sumerge en las vidas de estas mujeres para analizar su poder, responsabilidad, y las consecuencias derivadas de su papel como esposas de los jefes de Estado con peor reputación en el mundo. Es que, además, es tan honrada que lo hace. En cinco capítulos demoledores les da la palabra (cuando es posible) para después desenmascararlas como derrochadoras que despertaron el odio de su pueblo y aceleraron la caída de sus despóticos maridos, manchadas de sangre que defendieron el marxismo hasta las últimas consecuencias, turbias “cocineras” que preferían estar en la sombra, seductoras y cultivadas ambiciosas o reinas sin corona que presumían de ser caritativas para fortalecer su régimen totalitario.

Los ¡Bravo! premian a quienes llevan la “alegría, el entretenimiento, la verdad y el descanso a las personas”. El de Televisión de 2015 lo ganó Bertín Osborne por su “tono amable y cercano que huye de la crítica, la discusión y el mal gusto”. Como Bertín, “Yo, dictadora” entrevistó a Carmen Martínez Bordiú. Pero abrió preguntándose: “¿Se puede vivir con un monstruo sin serlo?”, y cerró diciendo: “Las reinas destronadas sirvieron a monarquías totalitarias dándose aires de piedad y bienhechoras, cuando eran simplemente la cobertura del enriquecimiento de su propia dinastía. La emperatriz de ellas es la más fría e intocable señora de Franco. Tras el desfile militar, la justicia se cuadró ante la esposa del general caído”. ¿Se imaginan a una comisión de obispos dándole un premio a algo de tan mal gusto simplemente porque es verdad?

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