1/12/18

LUCHA EN EL BARRO EN O.K. CORRAL


Rosa María Mateo contra Karlos Arguiñano. Duelo al sol. No en el lejano Oeste, sino en el cercano Congreso de los Diputados. Ante la Comisión Mixta de Control Parlamentario de RTVE.

Las comparecencias actuales de Mateo ante esa Comisión dan risa. La actual jefaza de la Corporación tiene tal trayectoria profesional, tal peso en ese oficio, tal currículum a sus espaldas, que los políticos de carrera que se enfrentan a ella intentando atajarla llevan las de perder. A su lado, no son nadie. Solo alguien a su altura podría apretarle las clavijas. Alguien que, como ella, se hubiera pasado toda la vida ante las cámaras. Alguien con una familiaridad tan grande con los telespectadores que, con decir al telefonillo “¡Yooo!”, ya le abrimos la puerta de casa. Alguien como Arguiñano.

Esto decía Mateo en su última comparecencia en el Parlamento: “Es verdad que las audiencias no remontan, pero las cadenas que tienen audiencias altísimas se basan en realities. Si ustedes quieren que la Corporación haga este tipo de programas, os juro que mientras yo sea presidenta, nunca se van a hacer”. Inapelable. A no ser que pongamos enfrente a alguien de su tamaño. Esto opina Arguiñano de “MasterChef”: “No es un programa de cocina, es un reality. Y yo no puedo con los realities. Les gusta la lagrimita: que llore la madre, que lloren los niños... todo el mundo llorando”. Que se miren a los ojos, desenfunden y lo discutan cara a cara. Ten cuidado, Mateo, ya ves que Arguiñano no es un bisoño jovenzuelo. Es un tipo duro que desenfunda rápido. Y pronto apuntará a tus celebrities, sus enfados y sus pataletas.

¿Prefieren la lucha en el barro al duelo al sol? Bien fácil, basta cambiar a Arguiñano por Jorge Javier Vázquez. A ver cómo se defiende la veterana periodista del lodo que le lanzó Jorgeja anteayer en “Gran Hermano VIP”: “Si haces televisión y desprecias el género, ¿qué eres? Nada”. Rebozado hasta las trancas desde hace años, conoce el terreno de juego, sabe moverse y promete espectáculo. No se trata de tener razón, sino de ensuciar al oponente. 

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