24 octubre 2008

PARAPSICOLOGÍA ENLATADA

“Cuarto milenio” debería emitirse con risas enlatadas. Eso sí que molaría. Si se extrajeran las risas enlatadas de las teleseries muertas en accidente de televisión y se trasplantaran a los programas de parapsicología y fenómenos paranormales, todos los ikerjiméneces, jotajotabeníteces, javieressierrras y demás fauna truculenta se irían al cuerno al primer golpe de zapping.

Lo descubrí hace unas semanas viendo “Con un par… de bromas”, ese programa de cámara oculta que TVE estrenó a finales de agosto. Una chica se ponía a hacer videncia en un parque diciendo montones de tonterías a los clientes que se acercaban a ella. Los espectadores sabíamos que aquello eran tonterías porque oíamos las risas enlatadas que habían añadido a la escena, sin embargo los clientes no oían las risas y se creían que aquello iba en serio. Pero lo cierto es que no sólo la vidente del programa decía tonterías: todos los videntes las dicen. Lo notaríamos si los viéramos con risas enlatadas. Y no sólo nos reiríamos con la tontería que supone decir el signo del zodiaco para conocer nuestra salud o si nuestro amor es correspondido, nos reiríamos de los gestos adustos de Íker Jiménez y sus análisis de pacotilla, de la desfachatez de J. J. Benítez al inventarse datos, de la afectación de Jiménez del Oso contando historietas.


Este fin de semana en Grado se celebra la “Novena Bizarra 2008”. Como las carcajadas están garantizadas no habrá que llevar risas enlatadas. Aprovechando el florido homenaje al mundo friki que se hará allí, charlaremos de Parapsicología bizarra (valga la redundancia). Ni vamos a presentar pruebas de nada ni vamos a demostrar nada, ¿para qué? Dice el gran escéptico Martin Gardner que fue el gran escéptico Henry L. Mencken quien dijo que “una carcajada vale por diez mil silogismos”. En Grado veremos además que una carcajada también vale por diez mil risas enlatadas.

1 comentario:

Lilith dijo...

Sería aterrador que la vida tuviera banda sonora.

Imaginad: una música sensual mientras hacemos el amor, música frenética y agobiante cuando llegamos tarde al trabajo...

Si nuestras canciones románticas favoritas fueran sonando por la calle nos enamoraríamos de cualquiera que se tropezara con nosotros y nos tirase el café encima.

Y podríamos saber cuándo va a ocurrir algo malo... "¡música inquietante, alguien me sigue, marcaré el 112!"

También sabríamos quién va atraicionarnos: "¡Pero escucha la música, Marge, es malvado!"

Se perdería todo el misterio de la vida, ya no tendríamos ninguna duda de lo que los demás piensan o sienten en un momento dado: Bryan Adams, me ama devotamente y está a punto de decírmelo; "Let the river run", afán de superación profesional; Steve Wonder, va colocado; "Asturias patria querida", borracho del todo; "You can leave your hat on", más caliente que una mona; "Carros de fuego", no sé qué pero le está costando la hostia.

Lo que yo digo: aterrador.