17 octubre 2008

VUELTA CICLISTA A EEUU

El mejor analista de los grandes debates políticos retransmitidos por la tele en campaña electoral es Perico Delgado. El que fue ciclista. El que hoy es comentarista deportivo de TVE. El de Segovia. Perico siempre dice de las grandes etapas ciclistas que por sí solas no sirven para decidir quién gana una gran vuelta por etapas, pero sí pueden decidir quién no la ganará. En los debates pasa igual: no sirven para ganar unas elecciones, pero pueden hacerte perderlas. Esto es verdad en Estados Unidos y tal vez lo sea ya en España, aunque aquí los candidatos aún quieren decidir si acceden a debatir o no. En Estados Unidos no acceder a debatir es la manera más tonta de perder un debate. John McCain intentó hacerse el remolón para evitar el primero de los debates hace casi un mes diciendo que quería centrarse en la crisis financiera. A última hora tuvo que aceptar enfrentarse a Barack Obama ante las cámaras de televisión y encima le sirvió a su oponente en bandeja la oportunidad de golpear el primero: «Un presidente debe saber hacer más de una cosa a la vez».

McCain llegó al tercer y último debate de la vuelta ciclista a EE UU en franca desventaja en las encuestas de intención de voto. Obama era el que más tenía que perder, pero ni se le ocurrió anular el debate. Hizo lo que debía: correr la etapa y asegurarse de no acabar con sus opciones al triunfo. De McCain se esperaba lo imposible: que pulverizara a su oponente. Si no ocurrió no fue porque McCain hiciera algo mal, fue porque lo único que podía esperar es que a su oponente le diera la pájara y eso no ocurrió. En realidad, lo único sorprendente del último debate fue ver durante hora y media al presentador de espaldas al público, como si fuera un sacerdote preconciliar oficiando de espaldas a los feligreses hablando inglés, el latín del imperio.