26 abril 2009

ENDOGAMIA (a.k.a. MERCEDES SARDÁ)

Sólo como hipótesis: ¿y si Mercedes Milá y Rosa María Sardá hubieran nacido el mismo día en el mismo hospital y debido a un lamentable error se hubieran intercambiado sus cunas? O también, ¿no es sugerente creer que Javier Sardá y Lorenzo Milá fueron dados a luz en la misma maternidad un día de mucho ajetreo, y en medio del follón las pulseritas con sus nombres se mezclaron, de modo que al bebé de los Milá le llamaron “Javier Sardá” y al bebé de los Sardá le llamaron “Lorenzo Milá”?. Resumiendo y recordando el carácter meramente hipotético de este juego: ¿no pega mucho que Javier Sardá y Mercedes Milá sean en realidad hermanos, mientras que Lorenzo Milá y Rosa María Sardá lo son igualmente por su parte?

No pude pensar en otra cosa viendo “La tribu” del pasado viernes. Cada vez que Sardá,- Javier-, dialogaba con Milá, -Mercedes-, la falta de talento, la vacuidad, la previsibilidad rancia de cada línea de Sardá, -Javier-, era tan idéntica a la falta de talento, la vacuidad, la previsibilidad rancia de cada línea de Milá, -Mercedes-, que exigía algún tipo de comunidad genética entre ambos presentadores para ser entendida. Si el trabajo televisivo de Milá,- Lorenzo-, y de Sardá, -Rosa María-, se caracterizan por compartir también un aire de familia hecho a base de presencia digna y respeto al espectador, ¿no es una hipótesis agradecidamente parsimoniosa aquélla que emparenta a Milá, -Mercedes-, con Sardá, -Javier-, como máximos responsables de un espacio en donde el momento más rompedoramente innovador es una batalla de pistolas de agua entre Obregón, -Ana-, e Izaguirre, -Boris-? Las tribus son organizaciones primitivas y cerradas en donde la endogamia no es infrecuente. Y la endogamia, -véanse los yazidi del norte de Iraq, algunas dinastías reales próximas, o las nuevas apuestas de Telecinco para el prime time del fin de semana-, acostumbra a provocar resultados muy empobrecedores.