23 mayo 2009

¡ESA TELE!


Hágase el interesante silbando por la calle la música de Dallas.
Respecto a quién disparó a J.R. no le dé más vueltas:
parece ser que fue Maggie Simpson.


Oír la tele del vecino. Ése sí que es uno de los problemas gordos que tiene vivir en sociedad. Y Platón, el primer gran ingeniero social, no dijo ni pío acerca de cómo resolverlo. Y Aristóteles tampoco. Es normal. Ellos, como tantos que vinieron después, nunca supieron que oír la tele del vecino, como oír los desagües, fuera una fuente de conflictos tal que debería ser algo regulado por las leyes del Estado. Hay que disculparlos: estos ruidos no fueron molestos hasta que aparecieron las cadenas privadas de televisión. Ellas fueron las que hicieron insufrible vivir en una comunidad de vecinos.

Antes, cuando ya existía la tele pero no las privadas, la tele del vecino no molestaba porque veía la misma cadena que estaba viendo uno: la que había. También existían los desagües, pero el desagüe del vecino no molestaba porque tiraba de la cadena a la vez que lo hacía uno: durante los anuncios. Eran años en los que oír la tele del vecino era, en realidad, añadir un aura de profundidad al sonido de la tele que estábamos viendo nosotros. El ruido del arma que disparó a J.R. Ewing no molestó a nadie porque el disparo resonó en todos los televisores de España a la vez. Y a la vez esa noche toda España tiró de la cadena y se fue a dormir cuando terminó aquel episodio de “Dallas”.

Acaba de aprobarse una nueva normativa que obliga a triplicar el aislamiento acústico de los hogares. Es algo que hacía falta desde que las cadenas privadas rompieron la uniformidad audiovisual. Con ellas las pausas publicitarias y las cisternas se desincronizaron, y tras el tabique del vecino empezaron a surgir sonidos que no coincidían con lo que pasaba en nuestra casa. La ley llega tarde: Ahora los ruidos ya no llegan de la casa insonorizada del vecino sino de nuestro propio hogar. Tras cada puerta, un miembro de la familia mira su propia pantalla en soledad y no hay manera de que baje el volumen. A ver quién regula eso.

3 comentarios:

Erosè dijo...

Mira qué cosas pasan. Yo no tengo ese problema, el de que cada uno tenga su pantalla y vea lo que quiera. Sólo tenemos una tele, en el salón, y hay que ponerse de acuerdo para ver qué se ve. Aunque no vemos mucho la tele. Me siento bien. No sé qué necesidad hay de tener una tele en cada habitación. A lo sumo dos.

Triplicar la insonoridad de los pisos ocultará más problemas que el oir otras teles.

Raul dijo...

No solo eso, sino que con al TDT la señal va más tarde que en analógico y aunque vean lo mismo igual lo escuchas antes en la tele del vecino...

Master dijo...

Ya veo a mi vecino o a mi padre en la habitación de al lado intentar aislar el sonido de la tele con caucho de alta densidad, Pladur y hueveras, como en un estudio de grabación.

La ecuacion es sencilla: un canal es a una tele como varios canales es a ... la variedad incluye individualismo.
La única televisión retumba siempre en mi casa es la de mi padre desde el salón, tanto que, parece que esta dentro de mi habitación, encima está viendo algo que no me gusta, solución, poner la mía con más volumen aun ... a ver quien puede más ...