29 mayo 2009

LA CRUDA REALIDAD

La cruda realidad es que la cruda realidad no existe. La realidad está siempre cocinada. Otra cosa es que la receta no nos guste y que, en vez de estar adornada por una ramita de perejil como recomienda Arguiñano, lleve unas hojas de cicuta, que se le parece pero puede matarte. Es por eso que la cruda realidad es amarga y hace pupa en la barriguita: porque está mal cocinada.

La receta nunca fue buena así que la cruda realidad nunca fue un plato de gusto. Por ejemplo, “Tarzán de los monos”, la primera película protagonizada por Johnny Weissmüller, nos muestra que la vida puede ser una gran aventura pero rezuma racismo por los cuatro costados. Ese desagradable ingrediente se nota en cada cucharada, pero es escandaloso en las escenas en las que salen porteadores. Los porteadores son azuzados con látigos, cuando caen rendidos se les azota para que se levanten (después se desploma un blanco, entonces sí paran a descansar). Para vengar la muerte de su amigo simio, Tarzán mata a dos porteadores en un extraño “ojo por ojo”. Los porteadores no son rescatados cuando son despedazados por un gorila en un pozo (sí lo será después Jane).Y, sobre todo, son utilizados para mostrar al espectador lo peligrosa que es la aventura: uno es devorado por un cocodrilo cuando su balsa vuelca al cruzar un río, otro cae por un precipicio y los “bwanas” lamentan perder las medicinas y alimentos que portaba (Jane pasa protegida con una cuerda amarrada a la cintura).

Hoy no es el cine, sino telediario, quien nos enseña la cruda realidad que se está cocinando. Cientos de porteadores se agolpan cada día en el paso fronterizo de Ceuta y ocurrió lo que todos sabíamos que iba a ocurrir: conocemos el guión. Ya no hay látigos, gorilas, cocodrilos, ni acantilados, pero la receta se sigue pareciendo mucho a la de siempre. Le sigue sobrando cicuta y faltando perejil. Menos mal que nosotros tenemos una cuerda amarrada a la cintura.

2 comentarios:

Elenía dijo...

Eso es porqueno sabes que versión de Tarzán ver y a qué edad. Mejor la de Disney, de la que guardo un buenísimo recuerdo ya que, en aquel maravilloso 99 (qué lejos queda) tenía 10 añitos.

Pobre yo, que desde que mi profesor de mates me obligó a ver La Sirenita como deberes para el fin de semana estoy enganchada a Disney. ¿Un poco de cicuta por favor?

Carlos dijo...

Si quienes ver la cruda realidad, da un paseo por la ciudad y mira la situacion economica