02 agosto 2010

DEMANDO DEMANDA

Venga, Belén Esteban, demándame. Anda, que una demanda más para ti no es nada y a mí me hace mucha ilusión. Andas por ahí demandando a compañeros de trabajo, a gente como tú que se gana la vida escarbando en los vertederos de la vida, a Ana Rosa Quintana que te dio de comer y de vestir y de operar en aquellos duros años que todavía no eras la princesa del pueblo, que sólo eras de pueblo y a mucha honra, y ya ves, a mí me tienes aquí olvidado, con lo que me lo llevo currado desde que tu presencia en la tele empezó a ser insoportable, que fue desde el principio.

Hace ya unos cuantos días que te dio el calentón justiciero y anunciaste urbi et orbi (qui’cir, en la tele ¿m’entiendes?) que ibas a demandar tó’ lo que se menea. ¿Y yo qué? ¿Es que ya no hay gratitud? ¿Ha muerto la justicia? Ay, si Minos y Radamante, los míticos legisladores de la antigüedad, levantaran la cabeza seguro que… Uy, perdón, quiero decir que esto es mu’ grave, ¿m’entiendes? Es cierto que aquí te doy caña sin entrar demasiado en detalles de tu vida, pero no pienses que eso me hace menos culpable, es que tu vida me aburre soberanamente. Me da una pereza infinita entrar en esos detalles absurdos con los que mareas a los que tienen la santa paciencia de aguantarte. Yo quedo en los ecos que me llegan de tus andanzas y te aseguro que con eso me basta y me sobra para estar hasta las narices de ti y de lo que representas, harto de ver cómo cada mes te las apañas para que tus miserias contaminen el aire que respiramos.

Así que si leyeras esto, perdón, quiero decir que si alguna persona de tu círculo leyera esto, perdón, quiero decir que si por alguna casualidad te enteraras de este artículo que hay que leer porque no sale por la tele, pues eso, que me demandes, que contigo soy mu’ malísimo del tó’, ¿m’entiendes?