09 agosto 2010

POSTMUERTE DIGNA

Cada uno sabrá cómo quiere morir, y es sumamente interesante, tanto a efectos ideológicos como sociales, el auge que están experimentando los movimientos populares a favor de una muerte digna. En mi caso, soy capaz de resumir en una sola palabra la forma en como me gustaría morir: tarde. ¿Quieren que lo resuma en dos palabras? Muy tarde. ¿Lo quieren en tres? Muy muy tardísimo. Pero recientes acontecimientos televisivos han provocado que mi interés se desplace de mi muerte a mi postmuerte. No, no crean que una sobredosis de programas religiosos del domingo por la mañana en la televisión pública ha hecho que la idea del Más Allá deje de darme un poco la risa. Lo que pasa es que Telecinco anda gestando el programa "Más allá de la vida" en el que se mantienen via medium conversaciones con ilustres fallecidos del mundo de los toreros, los descendientes de dictadores o las estrellas de la copla e hijuelos. Ay.

Así que se me ha ocurrido que habría que empezar a incluir en nuestro testamento vital no sólo cláusulas alusivas a cómo queremos gestionar nuestro proceso de dejar de existir sino también referentes a cómo queremos que se nos trate una vez que nos hemos dispersado en moléculas. Más concretamente, quisiera aprovechar esta tribuna para proclamar ante la humanidad y la Historia que no deseo que ningún programa de televisión de ninguna cadena, -especialmente de Telecinco-, conducido por ningún presentador, -especialmente por Jordi González-, contacte conmigo de ninguna forma, -especialmente de forma paranormal-, cuando pase a ver crecer la hierba desde abajo. No sé si esta declaración tiene algún valor jurídico, pero alguna neonata Asociación de Defensa de una Postmuerte Digna debería investigarlo. Si ya la vida suele tratar a medias a las personas, alguien debería legislar para impedir que unos señores con menos escrúpulos que un escarabajo necrófago se lucren a costa de hacerse caquitas sobre tu recuerdo. ¿Cuántas firmas hacen falta para llevar esta iniciativa al Parlamento?