04 agosto 2010

UN SALUDO, ANDREU

Coño, Buenafuente, ¿qué tal te va? En verdad no tengo ningún motivo importante por el que escribirte esta columna. No sé... sólo es que el otro día me encontré con tus programas de refrito en laSexta y me estuve riendo un buen rato con algunos de los monólogos de febrero o marzo. De pronto me dije: "carajo, hace no sé cuántos meses que no escribo una columna sobre Buenafuente". "Ya", me contesté yo msmo, "pero es que últimamente no ha habido ningún motivo destacado para escribir sobre Andreu". "¿Y por qué tiene que haber un motivo especial?", me recontesté, "¿es que haber cumplido una temporada más con dignísimos programas puestos uno a continuación del otro no es razón suficiente para que los críticos televisivos nos acordemos de un programa? ¿Sólo celebramos los acontecimientos puntuales destacables y no damos importancia a los profesionales de la televisión que realizan impresionantes carreras de fondo con altísimos niveles de calidad media?". "No me vengas con excusas", me requetecontesté, "todo este rollo que dices no es más que una pamplina para cubrir una columna de verano en un momento en el que el panorama televisivo está más muerto que el mar que existe entre Israel, Jordania y Palestina". "Bueno, pues sí", me contrarrequetecontesté, "¿pasa algo?".

Así que un saludo, Andreu. Sencillamente porque sí. Por el mismo motivo por el que uno llama a un amigo con el que hace mucho tiempo que no habla. Porque ya está bien de que únicamente aparezcan en las crónicas televisivas los profesionales que rellenan con matarratas los amplísimos agujeros que atraviesan su talento. Como puede comprobar cualquiera que vea tus refritos veraniegos, sigues siendo el mejor comunicador de nuestro país y tu show ya se ha convertido en el clásico standar de lujo contra el que se mide cualquier otro programa que quiera jugar en tu categoría. Espero que te esté yendo bien en tus vacaciones y a ver si me acuerdo de escribirte más a menudo a partir de ahora.

1 comentario:

Elena dijo...

¡Ay qué mal está mal acostumbrarse a buenos resultados! Creo que eso mismo les ocurre a algunos profesores y alumnos. Si están acostumbrados a notas altas y buenos trabajos/exámenes ver una mínima falta de ortografía los sorprende más que encontrar veinte por línea en algo de un alumno que normalmente suspende.