05 agosto 2010

DE ANDAR POR CASA

Les voy a abrir mi corazón. Yo siempre quise ser José Antonio Labordeta. Bueno, siempre no. Quise serlo desde que estrenó “Un país en la mochila” y veía día a día cómo se pateaba España como siempre soñé: despacio, con poco equipaje, hablando con los parroquianos que iba encontrando de cómo es su vida y su tierra, entrando en los talleres donde un abuelo o un matrimonio joven lleno de ilusión mantienen aún la costumbre de fabricar alpargatas, cestos o cacharros de barro como se hicieron toda la vida. Y comer y beber lo que en cada sitio se come y se bebe. Vino o sidra de la tierra con ese chorizo, queso y jamón de casa que siempre son los mejores del mundo. Comentando cómo discurren los días y cómo se vive allí. Hablando poco y escuchando mucho. Mirando despacio ese rincón que te enseña un amigo que acabas de conocer. Recorriendo los pliegues de cada comarca, de cada paisaje, de cada pueblo.

Ya sé que hay programas de viajes mucho más ambiciosos, que recorren más kilómetros, que cuentan con más medios, de más relumbrón; pero hace muchos años que sólo quiero ser José Antonio Labordeta. Y sigo queriéndolo cada vez que TVE repone esta serie tan mítica y tan de andar por casa. Como vuelve a hacer estos días La 2 a las 10 de la mañana. El Moncayo, el Duratón, el Baixo Miño, Peralejos de las Truchas, Segura de Toro, Guijo de Santa Bárbara, el Alto Tajo. ¿Siguen hoy igual que cuando los caminó Labordeta? Cuando va “De Panes a Potes” y llega a la Bolera donde ahora se encuentra el Museo de los Bolos, veo casas y vecinos (Donato, Agustín, Benito, Nica…) que ya no están. ¿No hace falta un voluntario dispuesto a repetir el periplo de Labordeta, dispuesto a mostrar cómo son hoy los lugares que él nos enseñó hace ya años?

Largos caminos, puertas abiertas, el horizonte por delante. Si necesitaran a alguien dispuesto a ser José Antonio Labordeta aquí me tienen. La mochila la pongo yo.