20 octubre 2011

REALITY DE SUPERVIVENCIA

Antes del estreno de “Acorralados” en Telecinco, toda la cadena colaboraba en el lanzamiento del nuevo truño. Tania Llasera, presentadora de “Resistiré, ¿vale?” (uno de los espacios carroñeros merodeadores que sobrevive comiendo los despojos que generan los realities de la cadena), intentó vendernos “Acorralados” con la mejor voluntad del mundo: “Va a ser un bombazo. Será como espiar a un grupo de famosos de camping”. Y no mintió: “Acorralados” es un bombazo de aburrimiento insustancial que reúne la iniquidad, la bajeza moral y la pobreza intelectual necesarias para considerar aceptable e incluso divertido espiar a un grupo de famosos de saldo alojados en un camping de tercera en temporada baja.

Tras la incorporación de varios nuevos concursantes, Jorge Javier Vázquez, ese ser, anunció en una gala de “Acorralados” que Telecinco prolongará la emisión de este reality de supervivencia, por lo que durará un mes más de lo inicialmente previsto. Ninguna novedad. Toda la programación de Telecinco es un inmenso reality de supervivencia, y no porque siempre tenga en danza a una serie de concursantes intentando sobrevivir encerrados en una casa, atrapados en una isla o confinados en un corral (tanto da que da lo mismo), sino porque es la cadena misma la que sobrevive así, con un único programa de fronteras borrosas que todo lo invade, una inmensa metástasis que extiende sus tentáculos por una programación contagiada sin remedio, una parrilla entera invadida por una infección generalizada que todo lo mancha, lo tiñe, lo contamina.


“Acorralados” sobrevivirá tanto como pueda hacer sobrevivir a la propia cadena. Y mientras completa su ciclo y su batería se va agotando, Telecinco selecciona a los participantes en el siguiente reality de supervivencia, unos personajes escogidos con esmero porque deben dar el juego suficiente para permitir la supervivencia de Telecinco, el único concursante que de verdad preocupa a la cadena.