12 junio 2012

ÉVOLE NO TOMA CICUTA


Noticia de alcance: un año más, Jordi Évole no ha sido hostiado. En efecto, el domingo por la noche laSexta emitió la última entrega de “Salvados” de la temporada y Évole se ha vuelto a ir de rositas a su casa sin que nadie le parta la cara, le amenace de muerte o, siquiera, le llame feo feísimo. Faltaba ver esta última entrega para comprobar que la estrategia televisiva de “El Follonero” seguía funcionando y le permitía abordar los asuntos más delicados y hacer las preguntas más incómodas y comprometedoras sin que lo pagara su integridad física.

Lo sorprendente es que Évole no es un bufón ni un cómico. Sabido es que a los bufones y a los cómicos se les permite que, desde su locura o desde su histrionismo y desenfado, digan cualquier barbaridad porque no les va a pasar nada. ¿Cómo lo hace, entonces, Évole para meterse en camisas de once varas y salir airoso de un berenjenal tras otros? ¿Es una versión 2.0 de un Sócrates mediático que recorre las calles, se mete en todos los saraos, interroga a todo el mundo poniendo cara de no haber roto nunca un plato, compromete con sus preguntas, anima el cotarro y cuando se marcha nos deja a todos con la impresión de que ha hecho hablar a sus interlocutores más de lo que tenían previsto y nos ha hecho a todos un poco más sabios?

Comparar a Évole con Sócrates es excesivo, pero lo más parecido a aquel “Tábano de Atenas” que tenemos en la televisión de hoy es “El Follonero”. Évole ha sobrevivido a un año más sin haber sido hostiado y sus crecientes índices de audiencia nos hacen suponer que volverá a recorrer el ágora televisiva la próxima temporada. Esperemos que sea pronto. Sócrates fue condenado a muerte por Atenas y murió bebiendo cicuta en el 399 antes de nuestra era. Por muy mal que estén hoy las cosas, algo hemos mejorado en los últimos siglos.

1 comentario:

Amarok dijo...

Esperemos que aguante mucho tiempo. Me parece el programa que más merece la pena seguir; de los pocos que intentan explicar las cosas y se atreven a hacer preguntas incómodas sin necesidad de faltar al respeto.