29 junio 2012

QUE SE MUERAN LAS GUAPAS

Lo peor de la campaña tuitera contra Sara Carbonero ¿es el tufillo machista rancio que desprende, o es que la mayoría de los internautas no ponga una coma entre el vocativo y el nombre cuando terminan sus chistes con la frase “gracias Sara”? Me muevo en un terreno sensible y resbaladizo. Algunos lectores considerarán que reírse de Carbonero no solamente no es machista, sino que es la mínima venganza que cabe aplicar al machismo que supone el evidente trato de favor que ciertas mujeres que destacan por su belleza consiguen en los medios de comunicación, -incluso en los informativos-. Otros lectores ni siquiera habrán entendido a qué me estoy refiriendo con eso de las comas, los nombres y los vocativos, -¿qué pasa, cuál es el problema de escribir “te veo cansado Carlos Julio”, “cariño envíame un sms anda” o “gracias Sara”?-.

Y en mi humilde opinión, -que, por cierto, es la correcta-, ambas posturas se equivocan. En primer lugar, la mismísima esencia ontológica de la labor del comentarista deportivo durante la retransmisión de los partidos consiste en hablar y hablar sin decir absolutamente nada, y en esa misión las intervenciones de Carbonero son tan buenas o tan malas como las de cualquiera. Atacar con tal saña a Sara por su evidente belleza sólo puede estar motivado por el desprecio o el resentimiento, emociones ambas de origen retorcido y vecinas de los sexismos que practican tan frecuentemente los hombres y las mujeres. Y en segundo lugar, la sintaxis es el armazón básico del pensamiento. Más allá de las faltas de ortografía, -que “sólo” indican el nivel de lecturas que realiza el individuo-, la lógica de las ideas se apoya en el orden de las palabras y los signos de puntuación. Que el uso de estos elementos no esté automatizado indica cuán excepcional es que el autor del tuit se ponga a pensar y la falta de distinción que éste hace entre el lenguaje escrito y el lenguaje hablado transcrito. ¿Es más grave pedir que se mueran las guapas o escribirlo mal? ¿O son dos manifestaciones del mismo problema?

5 comentarios:

Miguel OnOff dijo...

Hola, Antonio. Genial la entrada de hoy; completamente de acuerdo, sobre todo en lo relativo al uso (cada vez peor uso) del lenguaje.
Sin embargo, me da "cosa" el gazapo que se te ha colado: la nueva "Ortografía de la lengua española" (2010) ha suprimido la tilde diacrítica del adverbio "solo"; o igual eres, como yo, insumiso ante algunos de los cambios propuestos por la RAE...

Saludos

Antonio Rico dijo...

Juro solemnemente que colocaré la tilde diacrítica en "sólo" cada vez que sea sustituible por "solamente" hasta el día en que me muera. Hasta ahí podríamos llegar...
Gracias por tus halagos.

Rhus dijo...

En la tilde de solo no entro, que ese palito levanta pasiones. Yo venía aquí buscando los muslos de Hefestión.

Ahora sin cargar los sobreentendidos malos, os felicito por un artículo estupendo, en otro terreno tan espinoso como las tildes. Braaavo.

Vincular las burlas a Carbonero con la horrtografía es puro Antonio Rico: una de esas asociaciones aparentemente traídas por los pelos que haces prosperar como muy pocos consiguen, y eso que las buscas arriesgadas. Digo yo, por añadir algo, que la envidia hacia la periodista es un problema moral y la puntuación desastrosa indica óxido intelectual. Sin embargo, seguro que tú te las arreglarías muy bien para demostrar que la pereza de pensamiento lleva a la turbiedad de sentimiento, o viceversa, o todo lo contrario, en una sola frase o en cinco tomos.

Antonio Rico dijo...

¡Rhus! ¡Qué bueno saber de ti! ¡Cuánto tiempo! Gracias de verdad por otro más de tus inteligentes y monotemáticos comentarios.

Rhus dijo...

«monotemáticos comentarios»

Ya, es verdad, je, je. Pero como agradecimiento por el saludo amabilísimo y para romper el monotema, me voy a la entrada de Krahe a gruñir un poco.

(Nota técnica: las letras de las «palabras pedidas», una vez seleccionadas, no se leen bien sobre el negro, al menos en mi explorador.)