24 junio 2012

PARTO REAL


Ahí está los viernes por la noche para quien quiera verlo: se llama “Baby Boom”, se emite por laSexta y muestra partos reales. Los partos y sus circunstancias: el personal médico, la madre, el padre, los abuelos, el personal sanitario, los preparativos, la espera, los nervios, los contratiempos, lágrimas, besos y suspiros. Partos cortos y largos. Partos de españoles y de inmigrantes. Partos tranquilos y con susto. Dicen que la muerte nos iguala a todos. ¿Nos iguala también el nacimiento?

En la Edad Media, para evitar los problemas de reconocimiento y la consiguiente deslegitimación de los nacimientos reales, la Corte castellana de los Trastámara (s. XIV) recurrió a una curiosa ceremonia: la reina debía dar a luz en público. Isabel la Católica parió a sus hijos ante nobles, caballeros y regidores, cubriendo por pudor su rostro con un velo. La emperatriz Isabel, esposa de Carlos I, además mandó atenuar las luces de los candelabros de la estancia. La costumbre fue a menos con los Habsburgo, limitándose los insignes testigos elegidos para tan fin a permanecer en las salas contiguas. Los franceses Borbones trajeron con ellos, además de sus genes, sus costumbres versallescas. Para legitimarse, volvieron a dar máxima importancia al nacimiento y posterior presentación en la Corte de príncipes e infantes, lo que a su vez dependía de la legitimidad de los testigos. Hoy nuestra Constitución habla del pueblo soberano, así que bien podría articularse un sistema tecnológico de visión a distancia que permitiera al pueblo asistir a los partos reales, eso sí, con velo de pudor en el rostro de la parturienta y candelabros atenuados. Mira qué casualidad, la tele podría servir a ese noble fin.

Vale, un “Baby Boom Real” sería humillante, pero el parto público no es más que una tradición trasnochada afortunadamente perdida que resulta coherente con una tradición trasnochada que sorprendentemente aún se mantiene.