10 noviembre 2014

NUESTRAS MADRES, NUESTROS PADRES


Ahora que las palabras “nazi” o “fascista” se han convertido en insultos inespecíficos que se aplican para descalificar cualquier comportamiento inapropiadamente autoritario, se hace imprescindible ver atentamente “Hijos del Tercer Reich” (los sábados en La 1) para entender que una característica fundamental de lo que sucedió en la Alemania de los años 30 y en la guerra mundial que tuvo lugar a continuación fue que no existían antecedentes recientes del horror que terminaría produciendo un régimen de ese tipo. Viktor, Greta, Charlotte, Wilhelm y Friedhelm, es decir, nuestras madres, nuestros padres -“Unsere Mütter, unsere Väter” es, de hecho, el título original de la serie que debería haberse traducido correctamente en vez de optar por un título tan inexpresivo y carente de significado como el que se utiliza en la edición española-, no eran personas particularmente malvadas ni se las reconocería en los prototipos hitlerianos que difundió el cine bélico o los relatos políticos posteriores. Que la novedad sea un aspecto esencial del nazismo convierte al nazismo, en rigor, en un fenómeno irrepetible.

Bob Fosse lo supo retratar como nadie en la escena de “Cabaret” que transcurre en un merendero a las afueras de Berlín pocos años antes de que sucediera todo. Un joven con el uniforme de las Juventudes Hitlerianas se pone de pie y comienza a cantar una canción patriótica que augura un glorioso futuro para la nación. Poco a poco otros jóvenes igualmente nobles, familias de clase media, niños, se incorporan al canto con entusiasmo. Sólo un anciano al fondo sacude apesadumbrado la cabeza intuyendo a dónde van a llevar tanto idealismo inflamado y tanta unidad en torno al líder. Los nazismos del futuro necesariamente no parecerán nazismos. El “Nuestras madres, nuestros padres” de las próximas generaciones comenzará con la noche en la que los encantadores Víctor, Greta, Carlota, Guillermo y Federico decidieron alistarse en la nueva revolución política que iba a cambiar el mundo y, para celebrar ese momento, se hicieron una foto que juraron llevar siempre consigo.