15 septiembre 2015

POTAJE "GRAN HERMANO"


La crítica televisiva de hoy es cantada. Solo hay que acompañar al sin par Julián Hernández cuando en el disco “Made in Japan” (grabado en Memphis, Estados Unidos: ¡viva Siniestro Total!) decía: “Sin novedad en el potaje, comandante; sin novedad en el potaje, coronel; hoy el rancho es el mismo de siempre, así que no hay nada que comer”. No sé qué bola de cristal consultó el visionario Hernández para escribir esto, pero antes de que existiera “Gran hermano” resumió en dos líneas los estrenos de todas las ediciones de este reality show una vez superada la novedad que supuso su aparición hace tres lustros. Porque el arranque de la edición 16 (¡socorro, mátenme!) que hizo el domingo por la noche Telecinco volvió a consistir en el mismo narcisismo de siempre en el que sigue sin haber nada que comer.

Se ve que en una reunión de jefazos decidieron volver a presentar el potaje de la nueva edición como algo diferente elaborado con nuevos ingredientes, pero no cuela. Da igual que lleven un mes contando novedades, da igual que tiren la casa y la construyan de cero, da igual que se deshagan de los viejos participantes y hayan comprado otros nuevos, da igual que reformen el logo, da igual que reformulen las reglas, da igual que lo que antes ocurría en “GH” fuera superfuerte por un motivo y ahora lo sea por otro, da igual que los niñatos y niñatas del concurso jueguen al a que te pillo, a las mentirijillas, a la gallinita ciega, a los papás o al quieres casarte conmigo, da igual incluso que Mercedes Milá caiga en éxtasis místico viendo “Cámbiame” y dé un vuelco radical a la civilización occidental cambiándose el peinado. Al final, no hubo novedad en el potaje que sirvieron a la audiencia.

“Para los vegetarianos hoy hay carne de cañón”, añade Hernández en aquella canción de Siniestro Total. En esto, la comandante coronela Milá se comportó con más generosidad: en el rancho de “GH” hay carne de cañón para todos.