12 septiembre 2015

DIOS Y LA CURSILERÍA


Tradicionalmente los países obtenían su fuerza gracias a tener a Dios de su lado. En la actualidad los nuevos países han cambiado a Dios por un aliado mucho más potente: la cursilería. En el fondo, Dios y la cursilería se parecen mucho. Todo es vanidad y, paradójicamente, quizá nada sea más vanidoso que las creencias religiosas y el pésimo mal gusto de los cursis. O el pésimo mal gusto de las religiones y las creencias cursis. Detrás del mal siempre hay un hortera, y detrás de las campañas electorales siempre hay un batallón de publicistas. Tradicionalmente invocaban a Dios para defender sus posturas; ahora aseguran tener la cursilería de su lado.

Basta ver el anuncio televisivo central de la campaña electoral de Junts Pel Sí para entender por qué van a ganar las próximas elecciones autonómicas. Niños en el ochenta por ciento de los planos, enamorados que se miran, musiquita amorosa. ¿Es un anuncio de compresas, de refrescos, de una nueva tarifa de alguna empresa de telefonía móvil? No, es el anuncio de la secesión de la parte más rica del territorio español, harta de que el carácter redistributivo de los impuestos les obligue a dar más de lo que reciben. ¿Quién puede ser el desalmado que esté en contra de algo nuevo que ha conseguido que Lluis Llach y Artur Mas compartan secuencia?

De entre todas las trampas de la publicidad europea en lo que llevamos de siglo, ninguna más brillante, más invencible y genial que la de presentar bajo la palabra “juntos” a aquéllos cuyo principal objetivo es separarse. Que “Junts pel sí” haya conseguido arrebatar la palabra “juntos” a los que pretenden que sigamos juntos y la palabra “sí” a los que defienden continuar con la situación actual supone el escamoteo de sombras más lúcido de la política nacional desde que a alguien se le ocurrió el nombre de “Partido Popular”. Como dijo una chica sonriente en la última “La sexta noche”: “¿sabe por qué vamos a vencer? Porque tenemos la ilusión de nuestro lado”. Y tenía razón. Tienen la ilusión, Dios y la cursilería. Apestan. Van a arrasar.