11 septiembre 2009

LA CLIENTELA MÁS VIEJA DEL MUNDO

Anduvieron estos días revueltos los telediarios, los magacines y las tertulias de sofá y mesa camilla. Se echaban las manos a la cabeza por la publicación de unas fotografías del ayuntamiento carnal entre prostitutas y clientes tomadas en el mercado de la Boquería del barrio del Raval (Ayuntamiento de Barcelona). Todo el mundo se preguntaba a dónde íbamos a llegar, pero nadie se preguntaba quiénes somos y de dónde venimos. Hablaban y hablaban de las mujeres que ejercen “el oficio más viejo del mundo”, pero sin señalar que si el oficio existe es debido a los hombres que forman “la clientela más vieja del mundo”.

Viendo aquellas fotos recordé uno de esos programas estupendos de Canal Historia en el que oí una etimología que me alegró el día: en Roma, el “fornix” era tanto un arco o una bóveda como un burdel. El motivo es sencillo: las prostitutas se apostaban bajo los arcos de los grandes edificios públicos puesto que eran lugares muy concurridos en los que más fácilmente podían encontrar la clientela más vieja del mundo. Y, desde luego, no tenían ningún pudor ni se escondían demasiado para ofrecer sus servicios (quien quiera más detalles sobre este asunto que lea algún graffiti de los encontrados en Pompeya. Es que esta columna es para todos los públicos). Así que cuando los profes de Arte hablan del “fórnix” en clase para referirse a un arco, los alumnos pondrán cara de hastío por tener que aprender otra palabra rara, pero levantarían las cejas si les explicaran el parentesco del término con “fornicar”.

Será que en los telediarios, magacines y tertulias de sofá y mesa camilla no ven Canal Historia porque todos se sorprendían viendo lo que mostraban las fotos tomadas bajo los arcos del mercado de la Boquería: tratándose de arcos en un lugar público muy concurrido no deberían discutir a dónde íbamos a ir a llegar, sino quiénes son y de dónde vienen los clientes más viejos del mundo.