13 septiembre 2009

TELEBASURA MUERTA

Dice Antena 3 que retira de su programación el programa de cotilleos "Vaya par..." (a.k.a. "Vaya par... de tres") y se queda tan ancha. Así, como el que no quiere la cosa. Como si quitar de las pantallas un producto como el de Patiño & el otro fuera algo parecido a cambiar de sitio una espantosa figurita que tenemos en el salón. Creo que voy a quitar esta figurita de un payaso llorando y la voy a reemplazar por este cuadro tan bonito de un duende que mira a un hada que mira a la luna. Creo que voy a quitar esta bobada de Mariñas & la otra y la voy a reemplazar por una novelita muy maja en la que sale J.R. el de "Dallas". De eso nada. Ya lo dijeron los primeros críticos televisivos siglos atrás: "Los suspiros son aire y van al aire, las lágrimas son agua y van al mar, dime, Antena 3, cuando la telebasura se olvida, ¿sabes tú a dónde va?".

¿Se la entierra o incinera, se la somete a una pasteurización en la que se la calienta de 0 a 200 grados en 3,5 segundos para destruir todos sus gérmenes antes de sellarla en una urna de plomo y enviarla a lo más profundo de la falla tectónica de Nazca? Queremos explicaciones. ¿Existe una fosa común para este tipo de espacios en donde los huesos de "Vaya par..." van a revolverse con los de "Tal cual", "Las gafas de Angelino" o "Latido a latido"? ("Latido a latido", que yo sepa, no existió nunca, pero ¿a que le pega a ese título que podría haber sido real? Es más, ¿dónde están los programas basura que nunca han existido o que están esperando para nacer?).

Dice Antena 3 que retira de su programación el programa de cotilleos "Vaya par..." y se queda tan ancha. Nadie le va a pedir más aclaraciones. En alguna curva de alguna carretera secundaria el Gran Programador de Antena 3 mirará por el retrovisor para asegurarse de que no viene nadie detrás y tirará disimuladamente por la ventanilla los restos del proyecto de Patiñas y Mariño. Quedarán pudriéndose en la cuneta y tardarán más tiempo en degradarse que una bolsa de plástico del Carrefour. ¡Dios mío, qué sola se queda la telebasura muerta!