24 abril 2012

625 BLACK MIRRORS

“Black mirror” es la primera serie de la historia que probablemente termine provocando un spin-off dentro de la crítica televisiva. No me refiero a los spin-offs de siempre, en donde un elemento de la serie se independiza y llega a formar su propio show. Me refiero a que, por lo que hemos leído en la crítica televisiva internacional, dentro de un par de meses los periódicos tendrán su columna habitual sobre televisión y otra columna específica sobre “Black mirror”, existirán blogs dedicados al comentario de los contenidos televisivos y otros blogs dedicados al comentario de “Black mirror”, se escribirán sesudos ensayos sobre televisión y, como un género autónomo a su misma altura, sesudos ensayos sobre “Black mirror”. Desde que la cadena pública británica Channel 4, -paréntesis que si no lo suelto reviento: ¿se imaginan en lo que se convertiría la televisión pública británica si en el Reino Unido hubiera personajes como Sáenz de Santamaría poniendo sus manazas sobre ella?, fin del paréntesis-, emitió el otoño pasado los tres capítulos independientes, carentes de tramas o personajes comunes, que forman su primera temporada, la crítica televisiva europea comenzó a hablar obsesivamente sobre esta creación de Charlie Brooker, consiguiendo casi que todo lo que se ha escrito sobre “Los Soprano”, “The wire” o “Homeland” se convierta en una nota a pie de página de los ensayos sobre “Black mirror”.

El propio Brooker resumió brillantemente el argumento de su serie: “Si las nuevas tecnologías son una droga, -y parece que lo son-, entonces, ¿cuáles son sus efectos secundarios?”. No se puede expresar de forma más brillante el asunto más importante e impredecible al que se enfrenta actualmente la civilización occidental. TNT ya está ofreciendo promos en donde anuncia la próxima emisión de “Black mirror” en nuestro país, y yo me estoy planteando abrir un nuevo blog independiente de éste dedicado exclusivamente a darle vueltas a sus increíbles tramas. Voy a pensármelo.