18 abril 2012

EL CIELO PUEDE ESPERAR

Cuando el poeta griego Píndaro (VI-V a. C.) consuela a un cliente en duelo con una descripción de la vida feliz después de la muerte, le asegura que en el más allá hay caballos y juegos de dados. Como dice E.R. Dodds en “Los griegos y lo irracional”, el mobiliario del cielo ha cambiado poco con los siglos, porque sigue siendo una réplica idealizada del mundo que conocemos. Si para un griego del siglo V a.C. el cielo ideal es un lugar donde hay caballos y se juega a los dados, para un espectador del siglo XXI el más allá es un circuito donde Fernando Alonso gana todas las carreras y un estadio donde se juega al fútbol todos los días. Vale, el cielo también puede estar lleno de culebrones, concursos, series como “Homeland” que cortan el aliento y hasta documentales de La 2 que intentan demostrar que la Biblia tiene razones arqueológicas que el corazón no entiende (“racionalismo para los pocos, magia para los muchos”, decía Burkhardt). Pero si hay un cielo, seguro que en ese cielo se juega al fútbol.

El problema es que el cielo lo tiene difícil para ser una réplica futbolística idealizada del mundo futbolístico que conocemos. Ya tenemos fútbol todos los días (si no hay partido, se habla del partido de ayer o del partido de mañana), las semifinales de la Liga de Campeones se presentan como la antesala de una histórica final Barça-Madrid, y el próximo sábado se enfrentan Messi y Ronaldo en el Camp Nou. ¿Qué cielo puede superar eso? Ni el Campo de los Juncos egipcio, ni los Campos Elíseos griegos, ni la fortaleza Valhalla en el palacio de Odín de la mitología nórdica, ni el Wall Street de la mitología capitalista. Ningún cielo, ninguna mitología es capaz de ofrecer un espectáculo futbolístico como el que disfrutamos en este mundo. El más allá de un futbolero es un lugar triste donde unas réplicas de Messi y de Ronaldo intentan meter tantos goles como el Messi argentino y el Ronaldo portugués, pero no lo consiguen. Si se enfrentaran el Barça celeste y el Madrid ideal contra el Barça de Guardiola y el Madrid de Mourinho, ganarían los chicos de Guardiola y de Mourinho. No hay consuelo para el futbolero porque no hay una vida futbolística mejor después de la muerte.

Semifinales de la Liga de Campeones y, de postre, un Barça-Madrid. El cielo puede esperar.