16/4/12

UN REY NORMAL


Or-ga-ni-za-ción. Como en el chiste, lo que hace falta en la Familia Real es organización. Si entre abuelos, yernos y nietos quieren acabar con la institución, que acaben. Si quieren hacer más que nadie por la III República, que lo hagan. Pero que se organicen. Que no se pisen unos a otros en sus constantes performances. Que guarden turno para que a los súbditos nos dé tiempo a asimilar lo que tenemos. Y si les falta responsabilidad institucional, si no lo quieren hacer por respeto a lo que representan, que al menos lo hagan por responsabilidad televisiva, que por su culpa la tele está intransitable.

En la tele aguantamos mensajes navideños, noviazgos, bodas, embarazos, nacimientos, bautizos y funerales. Pero con las separaciones, accidentes, operaciones, posoperatorios, contabilidades creativas, juicios, cacerías, tiritos y los consiguientes biopics televisivos no contábamos. Y luego está la insistencia del último parte médico dando codazos para abrir los informativos. Y los cansinos debates en los magacines matinales. Y la insondable noche sabatina en Telecinco de mano de Jordi González, con Jaime Peñazofiel y Cuca García de Vinuesa demostrando que la bondad de la monarquía puede ser opinable, pero la existencia de monarcólogos profesionales es nefasta per se.

La desorganización en la Familia Real puso patas arriba un 14 de abril televisivo que debería haber transcurrido entre los inofensivos actos de recuerdo a la II República y el demoledor choque contra el centenario del hundimiento del Titanic. El remate lo puso la foto del rey de depredador cazador de elefantes. Años de campechanía y cercanía a sus súbditos tirados por la borda (si es que se pueden poner las palabras “cercanía” y “súbditos” en la misma frase). Todas las visitas de la reina abrazando ositos panda hechas añicos. Nostalgia de la imagen de Franco limitándose a sacar salmones en el Sella y el Cares. Y la amenaza del “equipo médico habitual” cuando trata de tranquilizar: “En uno o dos meses hará vida normal”. ¿Normal? ¡No fastidies!

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