10 agosto 2012

CAMINO CONTRA CARRETERA

Los concursantes y el público de “Mujeres y hombres y viceversa” (Telecinco) bailan más o menos pegados mientras suena una espantosa canción. Todos fingen que se están divirtiendo, simulan que se hacen confidencias, hacen gestos supuestamente cómplices, sonríen sin parar. Y, como en “La carretera”, la novela apocalíptica de Cormac McCarthy donde llueve ceniza y el hambre (no el hombre) es la medida de todas las cosas, en ese momento “Mujeres y hombres y viceversa” parece el primer síntoma de un glaucoma frío empañando el mundo. Pero no es así.

Los Juegos Olímpicos de Londres pueden ser caros hasta la extravagancia, hipócritas y perversos en su glorificación de la victoria (no la participación) como medida de todas las cosas. Pueden estar llenos de deportes incomprensibles y hasta aburridos. Pueden agobiarnos con banderas, himnos, comparaciones odiosas entre países y comentaristas que sólo ven la paja en el árbitro ajeno y no en sospechosas derrotas en baloncesto ante la selección de Brasil. Pueden. Pero cuando las mujeres de la selección española de balonmano se abrazan y bailan después de un partido, no fingen que se están divirtiendo. Cuando las chicas de la selección española de waterpolo se hacen confidencias, no están simulando. Cuando las encantadoras Ona Carbonell y Andrea Fuentes, medalla de plata en natación sincronizada, hacen gestos cómplices y miran a sus entrenadoras con los ojos llenos de lágrimas, sabemos que todo es verdad, todo es real, auténtico. Cuando la windsurfista Marina Alabau, una deportista a la que hasta ahora hemos prestado la misma atención que los clientes de la taberna de Moe prestarían a un documental sobre las propiedades del Bosón de Higgs, sonríe sin parar mientras sostiene su medalla de oro en la enigmática clase RS:X, nadie cree que está actuando ni vendiéndose a cambio de un plato de lentejas o un bocadillo. Cuando pasa todo eso, el mundo no es como “La Carretera” de MacCarthy, sino como “En el camino” de Kerouac. Un viaje por los paisajes del deporte sin miedo a que te coman los caníbales de Telecinco.