04 agosto 2012

UN SÚBITO COÁGULO


La imagen más globalmente difundida por las televisiones de todo el planeta, el icono al cual la humanidad en su conjunto está siendo más expuesta durante estos días, es decir, el logotipo de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, sólo es comprendido por las personas que ya saben a priori qué es lo que tienen que comprender. Como pasa con las psicofonías. Como pasa con la economía. El “Journal of Human Stupidity” acaba de publicar un estudio de la Universidad de Gloushampton, realizado antes de que se conociera oficialmente el logo de los Juegos, en el que éste se presentaba a dos grupos de sujetos: a un grupo se le informaba de que iba a ver el diseño de un logotipo que representaba el número “2012”; a otro grupo se le mostró dicho diseño sin informarle de cuál era su significado. El 84% de los sujetos del primer grupo pudo leer “2012” en las formas rosas de la imagen. Entre los sujetos del segundo grupo la respuesta más habitual se refería a los restos de un coche accidentado en la carretera (13,8%) seguida por la cocción de masa de hacer galletas realizada por un bonono (9,8%), una estimación del mapa del planeta tras 10.000 años más de deriva continental (5,2%) y las heridas producidas por el mordisco de un rottweiler con parkinson sobre el plexo solar de un caucásico (1,2%).

La absolutamente maravillosa novela “El restaurante del fin del mundo”, de Douglas Adams, comienza con una frase que me ha aprendido de memoria para que me entre la risa incluso en los momentos más difíciles: “Como todas las naves vogonas, aquélla no parecía responder a un diseño sino a un súbito coágulo”. La humanidad, bajo la luz desnuda, contemplando un partido de balonmano en cuya pista está impreso un súbito coágulo, una final de doma por equipos en cuyas monturas se ha cosido un súbito coágulo, una prueba de natación en la que los deportistas saltan desde un trampolín en cuyo reverso se ha dibujado un súbito coágulo. Creemos que algo tiene sentido, pero todo está rodeado del ello, lo amorfo, el coágulo, lo incomprensible. Estamos en crisis.