28 agosto 2012

SÁNCHEZ GORDILLO EN LOS SIETE REINOS

Esta columna no hubiera sido posible sin la inestimable ayuda de una chica de 16 años.

Me propongo desvelar el final de la temporada de “Juego de tronos” cuyos últimos capítulos emite Antena 3 hoy. No sigan leyendo aquellos lectores que quieran descubrir el desenlace de la T1 esta noche en su televisor, -es mentira, no voy a desvelar nada, pueden ustedes seguir leyendo tranquilamente; esto no es más que un recurso retórico para presentar la tontería de hoy-. Sé que todos ustedes están siguiendo minuciosamente las peripecias de los Stark, los Lannister, los Targaryen, que saben que Joffrey no es hijo de Robert Baratheon sino de Jaime Lannister, que confían en que Daenerys pueda llegar a Poniente junto a su amado Khal Drogo, que desean todos los males del mundo a la pérfida Cersei y en el fondo les cae bien su fascinante hermano Tyrion.

Pues bien, en los episodios de “Juego de Tronos” de hoy un inesperado acontecimiento va a sorprender a todos los protagonistas: mientras Ned Stark se pudre en las mazmorras y Jon Nieve tirita al lado del Lord Comandante, el proletariado de los Siete Reinos de Poniente adquiere conciencia de clase y comienza la revolución. La clase obrera de Desembarco del Rey e Invernalia, harta del régimen protofeudal bajo el que viven, se levanta para hacerse con la posesión de los medios de producción y fundar una república socialista. En ese momento llegan hasta Poniente Sánchez Gordillo y una cuadrilla de jornaleros andaluces, que ocupan el castillo desde el que gobierna Joffrey y, en unión con el proletariado local, deciden asambleariamente aplicar a los Siete Reinos el modelo que lleva funcionando tantas décadas en Marinaleda. Pero previamente agarran a Robert, a Ned Stark, a Meñique, a Cersei y al resto de personajes y los mandan a tomar por culo, del primero al último, no sin antes dejarles claro que son todos, tanto los “buenos” como los “malos”, unos fachas de mil pares de pelotas y que ya somos mayorcitos para vivir en un mundo de Casas, cada una con su blasón, su lema y su territorio.

No termina así la T1 de “Juego de tronos”, no. Pero no me digan, ay, que no sería maravilloso...