06 julio 2013

BOTULISMO


Las ciencias de la comunicación han perdido la ocasión de realizar el que hubiera sido uno de los experimentos más fascinantes de la historia de la Extremaderechología. Sabido es que el grupo Intereconomía atraviesa unos momentos de debacle económica. A las irregularidades en el pago de las nóminas se suma ahora el desahucio del que van a ser objeto dentro de pocos días al ser incapaces de seguir cumpliendo el contrato de alquiler de los estudios del Paseo de la Castellana en donde estaban ubicados, -¿acudirá Ana Coláu al frente de la PAH para intentar impedir el desahucio de Intereconomía?, en caso afirmativo ¿aceptaría Julio Ariza y su cohorte de luminarias la ayuda de un grupo que, según la línea editorial oficial de la cadena, actúa de forma antidemocrática y pertenece al entorno de ETA?-. Ante tal situación, Intereconomía no realizará producción propia durante julio y agosto, limitándose a repetir espacios emitidos anteriormente.

Pero tendrían que habérselo callado, jolín. Dada la imposibilidad de donar los restos del cadáver a otra ciencia que no fuera la proctología, Ariza podría haber dedicado su última aportación profesional a responder a las siguientes preguntas: ¿de verdad alguien notaría algo raro si emitimos hoy como si tal cosa un “Gato al agua” de, pongamos, febrero?; ¿el hecho de que durante el veranito se ofrezcan programas enlatados indica que hasta ahora los programas que se emitían eran frescos?, y si lo eran, ¿de dónde salía ese olor a podrido?; ¿no es tan intrínsecamente trascendente el contenido que nos ofrecía Horcajo y su dedo y medio de frente en “Más se perdió en Cuba” que cualquiera de sus espacios puede ser emitido en mitad de cualquier agosto sin perder un ápice de su relevancia?

Haber ocultado que íbamos a ver programas enlatados hubiera permitido estudiar la resistencia de la ultraderecha española al déjà vu. Claro que haberlo advertido también tiene sus ventajas: los consumidores no podrán quejarse si contraen el botulismo.