26 julio 2013

PSICOLOGÍA BÁSICA



En estos tiempos de miseria estructural y espanto superestructural, sólo podemos agarrarnos a los dulces movimientos de las chicas de la natación sincronizada en el Mundial de Natación (Teledeporte y Eurosport) y a la extraña belleza de Guardiola en el banquillo del Bayern de Múnich enfrentándose al Barça (Antena 3). Otros preferirán refugiarse en la felicidad de los duques de Cambridge posando con su hijo a la salida del hospital Saint Mary´s de Londres (toooooooooodos los telediarios) o en las fascinantes criaturas que habitan en el fondo del mar más profundo (“Grandes documentales”, La 2). Es igual. Se trata de seguir el consejo del Terminator modelo T-850 de la película “Terminator 3: la rebelión de la máquinas”: “Vuestra frivolidad es buena: alivia la tensión y el miedo a la muerte”.

Las chicas de la natación sincronizada entrenan muchas horas, el corazón del Guardiola alemán tiene razones que la razón no entiende, Catalina y Guillermo saben que su hijo es una estrella del pop desde antes de nacer y los pepinos de mar se buscan la vida como pueden. Ni las nadadoras, ni el entrenador, ni los duques, ni los pepinos de mar son frívolos, pero los espectadores sí lo somos cuando nos sentamos delante del televisor con intención de olvidar el careto de Jaume Matas a golpe de movimientos sincronizados, banquillos, bebés y criaturas raras. Y la frivolidad es buena porque lo dice Terminator, entre cuyas subrutinas figura la psicología básica. Es cierto que Terminator también le dice al joven John Connor que la ira es más útil que la desesperación, de forma que arrojar el mando a distancia al careto de Jaume Matas o al careto de Ana Mato, esa ministra que pretende frenar el acceso de lesbianas o mujeres sin pareja a la reproducción asistida en el sistema sanitario público, es más útil que desesperarse con el político corrupto o la ministra indigna. Hoy prefiero la frivolidad a la ira. Con mi pensamiento sigo el movimiento de Ona Carbonell y de los peces en el agua. Un día más me quedaré aquí, en la penumbra de un jardín tan extraño, dibujando una elipse entre el sol y mi corazón. Soy metálico, en el Jardín Botánico.

Pero puede que mañana, sin Ona, sin el pez pepino y sin “Radio futura”, la ira venza a la frivolidad. Es psicología metálica básica.