16 julio 2013

DE PUENTES Y DE FRONTERAS

“The bridge” está lleno de puentes y de fronteras. De puentes dentro de fronteras y de fronteras dentro de puentes. La aparición de un cadáver colocado justo sobre la línea fronteriza que parte en dos el puente que cruza de El Paso a Juárez desata súbitamente una geometría frenética de igualdades y diferencias. El puente les une, la frontera les separa. El español y el inglés, los varones y las mujeres, las pieles blancas y las morenas, el primer y el tercer mundo, la frialdad y la empatía, tanta vida y tanta muerte. Todo lo que puede ser entendido como opuesto o como complementario se pone de pie y reclama su espacio en cuanto la detective Sonya Cross, del Departamento de Policía de El Paso, y el detective Marco Ruiz, de la Policía Estatal del Estado de Chihuahua, llegan al lugar del crimen y se sitúan igualmente sobre esa frontera que está dentro de un puente que salva el Río Grande. “Until I’m one with you” gimen las tristísimas guitarras tejanas de Ryan Bingham durante la cabecera de la serie. Hasta que me vuelva uno contigo.

No sé hacía dónde nos llevará la historia desértica cuyo primer capítulo nos presentó FOX la semana pasada, -un lujazo: sólo un día después de su estreno en EE.UU. pudimos ver simultáneamente la versión doblada en FOX y la versión original subtitulada en FOX Crime-. El episodio inicial no aclara todavía el subgénero policíaco al que va a pertenecer la serie. Pero si la historia del cadáver cortado en dos sobre la línea fronteriza decide explorar las diferentes formas que tenemos los seres humanos de unirnos y de separarnos puede ser que estemos ante la serie con más significado de 2013. Platón dejó escrito que existen tres tipos de hombres: los vivos, los muertos y los que navegan por el mar. Existe un cuarto: los que viven en los puentes y las fronteras, los que han decidido hacer de ningún sitio el lugar en el que echar raíces y se funden con los demás mientras lentamente van quedando destruidos por dentro. No viven en el espacio sino en el tiempo, en ese cambiante puente fronterizo que es siempre el presente.