01 diciembre 2016

LOS FASCISTAS TAMBIÉN LLORAN


Si te llamas Brian, te crucifican y el Escuadrón de Suicidio no te libera, está bien terminar la vida cantando “Mira siempre el lado bueno de la vida”. Pero sin pasarse.

Puedes pasarte si te enfrentas a la violencia machista diciendo que es un asunto del que no se debe hablar, pero como desgraciadamente existe, y pretendes ayudar a las víctimas a sobrellevar el día a día con unos consejos de belleza que sirvan para disimular los moratones con maquillaje. La cadena pública de televisión marroquí que hizo esta barbaridad retiró el vídeo avergonzada, pero da igual. Como si argumenta que solo disimuló con maquillaje los golpes que antes fingió también con maquillaje. El daño está hecho.

Puedes pasarte si eres responsable de informativos de TVE y un grupo de trabajadores de la sección de economía firma una carta denunciando que a ellos nunca les encargan ocuparse de las noticias de los telediarios que son “comprometidas” (paro, “Tarjetas Black”, pensiones), porque la jefa del área, Cecilia Gómez Salcedo, se las encarga solo a dos periodistas contratados por ella, mientras a los de plantilla los entretiene con asuntos menores. El director de los Servicios Informativos de TVE, José Antonio Álvarez Gundín, puede echar balones fuera, pero eso no arregla nada. Maquillar para ocultar la verdad es tan tramposo como mostrar la realidad enseñando solo la cara que te interesa.

Puedes pasarte si haces una serie histórica, eliges una época cercana de represión fascista cuyos golpes, moratones y heridas aún no han restañado, y toda la ambientación histórica no es más que un decorado en el que situar una historia de amor entre protagonistas guapísimos que se aman locamente. No sé qué dirán para justificarse los responsables de la serie “Lo que escondían sus ojos” (noche de los martes, en Telecinco), pero no tienen disculpa. Quien decide hacer una serie histórica asume un compromiso con el pasado que no se salda con un cuento de miradas, besitos y achuchones. Maquillar los golpes del pasado o del presente es hacer trampa por muy conmovedor que resulte saber que los fascistas también lloran.