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2/12/16

"THE RUNNING DEAD"


Como nos cansamos de hacer el papanatas con el “footing” primero y con el “jogging” después, ahora le damos al “running”. Ya sé que peor es robar, pero si esto no es triste que baje Dios y lo vea.

La cosa es que correr, lo que se dice correr, por aquí hace más de treinta años que no corre nadie. Da igual que sea despacio que deprisa, correr es de cobardes que no están en lo que celebran. Que no es por ofender, pero correr es propio de gente pasada de moda, eso que se llamó estar “out” hasta que decir “out” quedó tan “out” como quedó el “footing”, el “jogging” y los calientapiernas.

Como la tele se apunta siempre a todo lo que es “trending” ya tenemos un programa de “runners”, con “runners”, y para “runners”. Se llama “Nacidos para correr” y lo emite La 1 los domingos por la mañana. O es que alguien dio la alarma para que la televisión pública echara el freno y se conformara con celebrar el cuarto centenario de la muerte de Cervantes mandando a “Eurovisión” una canción en inglés, o es que cuando fueron a registrar el nombre de “Born to run” se encontraron con que ya lo tenía cogido Bruce Springsteen.

“Nacidos para correr” va de eso, de correr. Quiero decir, de “running”. Yo solo vi la entrega en la que ponían a Juan Muñoz, el que fue mitad del dúo “Cruz y Raya”, a sufrir como un condenado. Si lo que pretendían es que los espectadores corriéramos, lo consiguieron. Viendo a aquel hombre echar los hígados apetecía salir corriendo. “The walking dead” ya no da miedo, eso es todo atrezzo. Lo que da miedo de verdad es ver a Muñoz protagonizar “The running dead”, terror en estado puro sin trampa ni cartón. Con lo bien que estaría este hombre, como tantos, caminando rápido, así como Rajoy. Pero la moda es la moda, y la tontería, la tontería. Muñoz, como todos, tiene que ser “runner” y hacer “running” porque ser “walker” y hacer “walking” no es “trending”. Y que no nos vendan como coartada el “mens sana in corpore sano”. Los clásicos no hablaban de machacar el cuerpo, los “mens sana” sabían que eso era (y es) cualquier cosa menos sano.

23/9/15

NUEVA ZELANDA SIN POCIÓN MÁGICA


La Copa Mundial de Rugby 2015 (Canal + Deportes) que se disputa en Inglaterra (y Gales) es un espectáculo fascinante y completamente diferente a cualquier campeonato de cualquier otro deporte. Por ejemplo, el rugby es un deporte lleno de tradiciones, pero tradiciones buenas, no como la repugnante tradición del Toro de la Vega o la cansina tradición de ofrecer una camiseta con su apellido a Rajoy cada vez que una selección española gana algo. A pesar del peso de la tradición, los partidos de la Copa Mundial de Rugby utilizan la última tecnología para comprobar si el árbitro acertó en su decisión y, si no es así, rectifica y no pasa nada. Parece que fútbol, que huye de la tecnología como de la peste y sólo admite innovaciones casi artesanales como el espray para señalar la barrera en una falta o esos chiripitifláuticos carteles luminosos que o no funcionan, o no se ven o son manejados por el cuarto árbitro con admirable torpeza, necesita de los errores, de las meteduras de pata, de los resultados falsificados por un penalti no pitado o un fuera de juego inexistente. Pero, además, en la Copa Mundial de Rugby pueden jugar Samoa contra Estados Unidos y resulta que la selección exótica es… ¡la de Estados Unidos!

En rugby, la selección favorita siempre es la de Nueva Zelanda, un país que existe más allá de Peter Jackson y “El señor de los anillos”. Antes de cada partido, los jugadores neozelandeses (también los de Samoa, Tonga y Fiji), con uniforme completamente negro, escenifican el Haka, una danza de guerra maorí con la que intimidan al equipo rival,  que es algo parecido al grito de guerra ululante con el que los espartanos avanzaban antes de una batalla, mientras clamaban a Ares. Creo que la Liga de fútbol española, abarrotada de tradiciones grotescas que incluyen el engaño a los árbitros considerado como una de las bellas artes, las celebraciones de los goles insoportablemente pijas o la pérdida continua de tiempo después de cada incidencia, necesita que la selección de Nueva Zelanda se pase por aquí para intimidar un poco a los Ronaldo, Neymar y compañía. Una ración de “All blacks” tendría el mismo efecto en el fútbol que una visita de Astérix y Obélix a un campamento de legionarios romanos. Y sin poción mágica.

19/8/15

PEMÁN Y LAS KARDASHIAN


No sé si Carolina Marín será para la audiencia del bádminton en España lo que Fernando Alonso fue para la Fórmula 1 pero, de momento, Carolina ha conseguido que incluso los espectadores más monoteístamente futboleros presten atención a un deporte que hasta hace poco muchos confundían con un juego de cartas o el título de una serie de HBO. Carolina también ha conseguido nuestro respeto al soportar con una delicada sonrisa, en vez de un enfurruñado gesto de ofensa patriótica, una versión del himno de España acompañada de la letra escrita por el poeta José María Pemán por encargo del dictador Miguel Primo de Rivera. La elegancia de Carolina en lo más alto del podio en el campeonato del mundo de bádminton de Yakarta, junto con el cachondeo de los aficionados españoles en las gradas, nos demostró una vez más que los himnos ganan mucho cuando pierden la letra. Los versos de Pemán, pura vergüenza ajena, deberían ser la mejor medicina para dejar el himno de España sin letra por los siglos de los siglos, hasta que todos los himnos nacionales desaparezcan aniquilados por un meteorito estético.

Me pregunto si la ocurrencia de poner letra al himno de España no se podría exportar a algún programa de televisión como el horrible “Las Kardashian” (Fox Life), pero al revés. Seguro que “Las Kardashian”, ese programa dedicado a acompañar a lo largo y ancho de su vacío mundo a tres hermanas famosas por ser famosas, ganaría interés si por un error técnico continuado desaparecieran las voces de Kim, Kourtney y Khloé. El programa seguiría siendo un espanto, por supuesto, pero al menos no escucharíamos cómo Kim (o Kourtney, o Khloé) se despide de un tipo que se define como “gurú” diciendo “Te superquiero”. Porque supongo que estaremos de acuerdo en que el verso “Gloria a la patria que supo seguir sobre el azul del mar” está a la misma altura que el “Te superquiero” de las Kardashian, ¿no? Así que los himnos nacionales y “Las Kardashian”, mejor sin letra y, si puede ser, con la música a otra parte.

15/6/15

GATILLOS Y LABIOS


¿Quién dijo que se acabó el fútbol hasta que en agosto vuelva la Liga? ¿No es fútbol la maravillosa Copa América (Canal+ Liga), que es al fútbol lo que Indiana Jones es al cine de aventuras? ¿No es fútbol el Mundial femenino de Canadá (Teledeporte)? Porque resulta que el fútbol femenino no solo existe, sino que es un fútbol con menos escupitajos, menos velocistas disfrazados de delanteros, menos defensas con el colmillo retorcido y muchas menos tonterías. Algunos creían que el fútbol era un deporte en el que las mujeres tenían tanto que decir como en la película “Lawrence de Arabia”. Es decir, nada. Cero. Pues no. Y no se trata de que los futboleros veamos el fútbol femenino con la condescendencia con la que los aficionados de la NBA miran por encima del hombro el baloncesto europeo, sino que el bosque del fútbol femenino en general, y la selección española en particular, tiene un color especial que hasta ahora ha estado oculto tras los árboles de Messi y Ronaldo.

En “La dama de Shanghái”, Elsa (Rita Hayworth) dice que no sabe disparar un arma, pero Michael (Orson Welles) le explica cómo hacerlo: “Es fácil, solo hay que apretar el gatillo”. Silbar también es fácil, como nos enseñó Lauren Bacall en “Tener y no tener”, porque solo hay que juntar los labios y soplar. Conseguir que los aficionados al fútbol sigamos con atención el fútbol femenino es tan fácil como disparar un arma o como soplar: basta con programar los partidos de forma adecuada, con una buena promoción y un digno seguimiento en el desproporcionado espacio que los telediarios dedican al deporte, es decir, al fútbol. La primera participación de la selección española de fútbol en un Mundial femenino puede ser un buen punto de partida para que el fútbol femenino deje de ser algo tan exótico como el fútbol australiano, o puede que después del Mundial de Canadá volvamos a darle vueltas a Messi y Ronaldo. Ya veremos. Pero que no nos digan que es difícil que los futboleros nos interesemos por el fútbol femenino. Solo hay que apretar el gatillo. Solo hay que juntar los labios y soplar.

11/6/15

EL NILO Y EL FUTBOL

Escuchando a los opinadores de ultraderecha moderada que nos iluminan desde las tertulias de moderada ultraderecha que llenan la programación nocturna de las cadenas de ultraderecha moderada hemos aprendido que los pitidos al himno de España en la final de Copa es el gran problema de nuestro país después, eso sí, de la amenaza comunista que se esconde detrás de la coleta de Pablo Iglesias. Ante el supuesto ultraizquierdismo de Pablo Iglesias solo se me ocurre imitar a Sheldon Cooper cuando Rajesh y Howard le anuncian que han encontrado la pareja perfecta para él en una web de encuentros y nuestro físico teórico favorito se limita a soltar un bufido y levantar los brazos, exhausto por las constantes estupideces de sus amigos. En cuanto a la pitada al himno de España, no sé si habría que agarrarse al mismo argumento que los seguidores de “Gran Hermano” utilizan para defenderse de los ataques de sus críticos: “Si no te gusta, no lo veas”. Si no te gusta que miles de personas piten al himno de España, baja el sonido del televisor.

Más que el escándalo que la famosa pitada supone para oídos patrióticos, a algunos nos sorprende la atención que muchos tertulianos de ultraderecha moderada dedican al fútbol desde que el Barça gana títulos con la misma facilidad con la que Andrés Calamaro compone canciones. Sheldon Cooper pondría su prepotente cara de escarnio al escuchar las críticas a la utilización del Barça por parte del independentismo radical y a la deriva antiespañolista de un club que es más que un club, pero yo creo que los críticos del Barça son como ese personaje de la película “Muerte en el Nilo” que viaja en un crucero de lujo por el Nilo para estudiar la decadencia del sistema capitalista. El Barça es un maravilloso equipo de fútbol, y la única manera que tiene un tertuliano de la caverna de ver partidos del Barça sin que eso suponga una mancha en su hoja de servicios es decir que lo hace para estudiar el ataque culé a España. Al lector de Marx de “Muerte en el Nilo” le gustaba el Nilo y Egipto, y a los tertulianos nocturnos que ven partidos del Barça les gusta Messi y el fútbol. ¿Y qué? ¿Desde cuándo un comunista no puede hacer un crucero por el Nilo y un ultraderechista moderado no puede disfrutar del fútbol viendo jugar al mejor equipo del mundo?

6/5/15

HÉCUBA Y EL FÚTBOL

En “Las troyanas”, la tragedia de Eurípides que narra los acontecimientos sucedidos después de la caída de Troya desde el desgarrador punto de vista de las mujeres troyanas vencidas, humilladas y convertidas en botín de los vencedores, la reina Hécuba, viuda de Príamo y al borde del más desolador de los abismos vitales, reflexiona acerca de los golpes del destino. Hécuba dice que, aunque nunca ha subido a cubierta de una nave, sabe que si una tempestad moderada se abate sobre los marineros, éstos ponen todo su empeño en ponerse a salvo de los destrozos: uno va al timón, otro a las velas y otro se pone a achicar agua en la nave; en cambio, si les viene encima una fuerte marejada, se echan en manos del azar y quedan al vaivén de las olas. Hécuba concluye que en este momento en que sufre desgracias incontables, deja  su boca sellada y se da por vencida, pues ha sido derrotada por un penoso temporal que viene de los dioses. Hoy el Barça y el Bayern de Múnich juegan en el Camp Nou el partido de ida de la semifinal de la Liga de Campeones. No es una tempestad moderada, cadenas televisivas. Es un penoso temporal.

¿Cómo luchar contra un partido enviado por los dioses en el que se enfrentan dos equipos maravillosos con el aliciente de la vuelta a casa de Guardiola, pero en el banquillo visitante? En una tempestad moderada (un partido de Liga Barça-Madrid, por ejemplo), las cadenas televisivas pueden empeñarse en moderar los destrozos en la audiencia poniendo al timón una película como “Pretty Woman”, dejando las velas a cargo de un concurso amable o achicando un capítulo de una serie de éxito. Pero cuando se trata de un temporal, de una imparable tempestad futbolística, es mejor dejar la programación en manos del azar y quedar al vaivén de las jugadas de Messi y Alonso. No digo que Telecinco, Antena 3, laSexta, Cuatro y compañía sellen sus bocas y emitan minutos musicales mientras dure el partido Barça-Bayern, pero sí deberían darse por vencidas y echarse en manos del azar. Hoy, cuando todo está perdido, vale cualquier cosa. ¿Por qué no programar “Las troyanas” de Cacoyannis a la hora del partido, y dejar que Hécuba diga todo lo que hay que decir?

4/2/15

"HAKA" GLOBAL


Un estudiante español de Bachillerato sólo podría entender un libro de texto de matemáticas (o de inglés) de un estudiante coreano, pero el lenguaje de las matemáticas (y el inglés) no es lo único que une a los jóvenes españoles y coreanos. Ni los españoles ni los coreanos entienden de qué va el fútbol americano, pero les gusta. Ni coreanos ni españoles comprenden el idioma que utiliza un deporte que se parece al rugby tanto como el arte rococó se parece a la escultura clásica griega, pero les hace gracia decir “touchdown” o “quarterback”. Ni españoles ni coreanos saben qué está pasando en uno de esos interminables parones que salpican un partido de fútbol americano, pero eso no hace que pierdan la fe en el espectáculo. El comprensible lenguaje de las matemáticas y el incomprensible lenguaje del fútbol americano une a coreanos y españoles, por eso españoles y coreanos sabrían hacer juntos una multiplicación y por eso podrían divertirse juntos viendo la Super Bowl.

Como es imposible entender nada del partido entre New England Patriots y Seattle Seahawks (Canal+), creo que la Super Bowl no es más que una larguísima e intimidante coreografía que la cultura estadounidense lanza a la cara del mundo. Dicho de otra forma, la Super Bowl es como una “haka”, esa danza de guerra maorí que los “All Blacks”, los jugadores de la selección de rugby de Nueva Zelanda, realizan ante las narices de sus rivales para que sepan lo que les espera. Las mareantes cifras que rodean a una Super Bowl (audiencia, publicidad, dinero), la imponente figura acorazada de los jugadores, el increíble ambiente en el que se vive el partido, la mística de lo inefable en la que se mueve cada jugada, el derroche de imaginación que se ofrece en el descanso (esta vez con Katy Perry y Lenny Kravitz), la fabulosa importancia que cobran los detalles, la asombrosa mezcla de tecnología y primitivismo que se dibuja en cada plano… Acojona. La “haka” global de la Super Bowl une al mundo tanto como la tabla de multiplicar, pero también deja petrificados en los sofás a quienes creíamos que una final de la Liga de Campeones era lo más de lo más. ¿Alguien se atreve a desafiar la “haka” de la Super Bowl como la selección francesa desafió a la “haka” neozelandesa en la final de la Copa Mundial de Rugby de 2011?

8/10/14

EL PEZ EN EL AGUA



¿Qué sabe el pez del agua en la que nada toda su vida? Esta famosa pregunta formulada por Albert Einstein puede reformularse de muchas maneras. Por ejemplo: ¿qué sabe el futbolista del fútbol en el que nada toda su vida? La respuesta es la misma que da Saladino en la película “El reino de los cielos” cuando Balian le pregunta, tras la caída de la ciudad, qué vale Jerusalén: nada y todo.

Nada y todo. El pez no sabe nada del agua, pero también lo sabe todo. El futbolista no sabe nada de fútbol, pero también lo sabe todo. Jerusalén no vale nada y lo vale todo. Después de ver la entrevista de Iñaki Gabilondo a Jorge Valdano (“Iñaki con Jorge Valdano”, Canal+), el espectador concluye que Valdano no sabe nada de fútbol pero también lo sabe todo. Valdano no sabe nada de los famosos goles de Maradona a Inglaterra en el Mundial de México (el de la “mano de Dios” y el del “barrilete cósmico”) porque los vivió desde muy cerca y no pudo disfrutar de la magia que desprendieron las dos jugadas: Maradona fabricó sus goles para ser vistos desde fuera del terreno de juego. Pero Valdano lo sabe todo de esos dos goles porque no intervino en la jugada del gol de la “mano de Dios” (si lo hubiera hecho, Maradona estaría en fuera de juego) y se limitó a sacar el balón de la portería tras el gol del “barrilete cósmico” (si Maradona hubiera pasado la pelota a Valdano, el comentarista Víctor Hugo Morales no habría preguntado de qué planeta vino Maradona para dejar en el camino a tanto inglés). Las entrevistas futboleras funcionan cuando el entrevistado lo sabe todo y no sabe nada: si sólo lo sabe todo, la entrevista se convierte en una aburrida excursión alrededor del yo y las circunstancias del entrevistado; si no sabe nada, la entrevista deriva hacia los tópicos, los lugares comunes, el “somos once” y el “intentaré hacerlo lo mejor posible”. Valdano lo sabe todo porque vivió en el agua y fue el primer hombre que tocó la pelota que introdujo el barrilete cósmico en la portería inglesa. Valdano no sabe nada porque cree que teorizar sobre el liderazgo permite entender a Guardiola o a Simeone y no vio desde fuera los goles de Maradona a Inglaterra.

Valdano es un pez en el agua cuando habla de fútbol. ¿Y qué importa el fútbol? Tanto como Jerusalén para Saladino.

23/8/14

TRIBOLOGÍA


Habrán visto que “Antena 3 noticias” se hizo eco del malestar provocado porque la nietísima del generalérrimo hace caja vendiendo al papel couché una exclusiva fotográfica desde el pazo de Meirás. El mismo pazo de Meirás que tan bien rimaba en ese “Miña terra galega” que debía ser himno oficial de nosa terra galega. Bien por Antena 3. El “Telediario”, en cambio, no dijo ni pío. Al menos por ahora. Será que en TVE el mundo de los cotilleos solo es importante si se trata de ponerse empalagoso en “Corazón”, pero no si tiene implicaciones políticas, históricas y afecta a lo que somos y el país que queremos. Ya que no se ocupa de estas menudencias, el “Telediario” al menos debería dar cuenta de cómo van las cosas por otras publicaciones de más enjundia como la revista “Tribología”.

Anteayer, la nadadora Mireia Belmonte ganó la medalla de plata en los 800 libre. Todos los informativos de todas las cadenas acompañaron la noticia del éxito con el revés que supuso el último puesto con el que tuvo que conformarse en los 200 estilos, final que disputó apenas dos minutos después de ganar la plata. Cada cadena explicó a su manera este revés: cansancio, fatiga, esfuerzo sobrehumano, agotamiento, extenuación, sueño imposible. Las mismas palabras que hace días acompañaban las imágenes de los inmigrantes que aguantaban hasta desfallecer subidos en la valla de Melilla antes de caer derrotados y ser devueltos a Marruecos sin miramientos, sin medallas, sin compasión. TVE fue la más exacta. El “Telediario” escogió la palabra “desgaste”.


La revista “Tribología” publica estudios sobre el desgaste de los materiales. Pero, como los engranajes y los rodamientos, las nadadoras también se desgastan. Y los sueños de quienes van más allá de lo imaginable e intentan batir el récord mundial de divisar la tierra prometida desde lo alto de una valla. Y las palabras, que sometidas a un uso intenso, se agrietan y rompen. Cansancio, fatiga, esfuerzo sobrehumano, agotamiento, extenuación, sueño imposible.

22/6/14

YO ERA ESPAÑOL, ESPAÑOL, ESPAÑOL


Lo que propongo es que Mediaset vuelva a emitir el Mundial de Sudáfrica 2010 en vez del Mundial de Brasil 2014. Así, sin dar más explicaciones; nadie se las va a pedir. La comprensible e incomprensible derrota estrepitosa de la selección española de la forma más rápida que las matemáticas del reglamento del campeonato permiten ha supuesto una durísima pérdida para las expectativas del fútbol nacional, para las ilusiones de la afición democrática, pero sobre todos los todos, para las cuentas de Mediaset, que verán cómo audiencias estimadas alrededor de los 15 millones de espectadores se ven sustituidas por otras que, en el mejor de los casos y salvo las semifinales y la final, llegarán justitas a unos 5 millones de público. ¿Solución? Se carraspea un par de veces, se silba un poquito mirando para otro lado, y cuando la peña esté distraída se pega el cambiazo y se vuelve a emitir el Mundial de hace cuatro años.

¿Lo que estoy proponiendo es una locura? No lo crean. Cerca de un 70% de norteamericanos están convencidos de que su país ganó la guera de Vietnam. Las mentiras clamorosas que son las religiones cuentan con miles de millones de creyentes a lo largo del planeta. Alguna investigación publicada en alguna prestigiosa revista del mundo habrá demostrado sin duda que el común de los humanos preferimos creer una mentira que nos resulte agradable antes que una verdad que nos incomode. Pues a por ello. Telecinco no se ruboriza cuando emite a diario en “De buena ley” supuestos enfrentamientos que en realidad están interpretados por actores. Pues que tampoco lo haga mañana ofreciéndonos el Chile-España del 2010 que terminó con un 1-2 a favor de la Roja. Y Manu Carreño retransmitiéndolo todo de nuevo como si no supiera lo que iba a pasar. Y Maldini dale que te pego al dato. Y los bares petaos y las audiencias superando los 20 millones de largo. Y como única concesión a la realidad, el día de la final sustituimos el canto que se hizo popular por uno nuevo que diga “yo era español, español, español”.

10/6/14

ROLAND GARROS MAX

¿La final de Roland Garros entre Nadal y Djokovic en Discovery Max? ¿Nos hemos vuelto  locos? ¿Qué vendrá después? ¿“Grandes megaconstrucciones navales brutales a lo bestia” en Divinity? ¿“Cócina fácil con sor Inés” en Eurosport? ¿Una tertulia con todas las opiniones del arco político en 13TV? Busqué en la prensa cuál iba a ser la cadena que emitía el fenomenal partido, me encontré con el nombre de Discovery Max y fui víctima del pánico. Una tragedia indescriptible había tenido que recaer sobre el mundo del tenis. Sólo cabían tres opciones:

1. El estadio iba a ser demolido durante la gran final. Gruas armadas de enormes wrecking balls rodearían el recinto, y en el momento del saque del primer punto comenzarían a derruir las gradas. Cascotes gigantes empezarían a caer sobre la pista, nubes de polvo impedirían a los jugadores devolver los passing shots. Eso explicaría que el partido lo emitiera Discovery Max.

2. Este año la gran final de Roland Garros se iba a jugar en medio de la jungla de una isla al sur de Samoa rollo supervivencia. Nadal se tocaría el culo entre punto y punto no para separarse el pantalón, sino para quitarse un alacrán que se le estaba metiendo por el perineo. Djokovic intentaría hacer una dejada balanceándose entre dos árboles con una liana. Eso explicaría que el partido lo emitiera Discovery Max.

3. Novac Djokovic y Rafa Nadal han engordado muchísimo. Se han dejado mostachos y patillonas. Se han hecho tatuajes heaviatas en los brazos. Llevan camisetas de tirantes, pantalones cortos largos y gafas de sol años 70. Están calvos, beben cerveza sin parar, viven en Dakota. Se pasean cansados por la pista y discuten por cada bola. Cuando no llegan a un acuerdo, empiezan a pujar en dólares por ver quién se lleva el punto. Eso explicaría que el partido lo emitiera Discovery Max.

Pero no fue así. El partido fue una ordinaria extraordinaria final. Los comentaristas alucinaban con cada lance del juego. Yo alucinaba con el logotipo de la esquina de la pantalla.

30/4/14

TORRENTE EN STAMFORD BRIDGE


Hoy es un gran día para los futboleros en general y para los seguidores del Atlético de Madrid en particular. Semifinal de la Liga de Campeones. Juegan el Chelsea y el Atlético de Madrid en Stamford Bridge. Mourinho y Simeone son dos entrenadores que dirigen a sus equipos casi como si fueran una secta: sólo así se puede entender la transformación de Willian y Eto´o en dos máquinas de obedecer órdenes que repugnan a sus naturalezas futbolísticas, y sólo así se puede entender que ningún jugador atlético se aparte un milímetro del “partido a partido”. Hay entrenadores que deciden su estrategia a partir de los jugadores disponibles, y hay entrenadores que imponen su estrategia sin que les importen los nombres de sus jugadores. Mourinho y Simeone pertenecen a la segunda categoría. Si Mourinho dirigiera al Barça (uf), Messi y compañía jugarían como el Chelsea. Si el Cholo Simeone dirigiera al Madrid, Ronaldo y compañía jugarían como el Atlético de Madrid. ¿Y qué ocurre cuando se enfrentan dos sectas en una semifinal de la Liga de Campeones? Que el partido termina 0-0.

El partido Chelsea-Atlético de Madrid será emocionante, pero no será un buen partido porque es muy difícil ver un buen partido de fútbol cuando juega el Chelsea. La película “La jungla: un buen día para morir”, quinta entrega de las aventuras de John McClane, es una película emocionante, pero no es una buena película. Ver jugar al Chelsea es como ver una película de la saga de “La jungla de cristal”: nadie se sale del guion, todo sucede como tiene que suceder, están prohibidas las innovaciones y, al final, el Chelsea gana en Anfield y amarga al Liverpool, y John McClane gana en Moscú y amarga los planes de los malos. El Chelsea casi nunca juega bien, pero gana muchos partidos porque sus jugadores siempre están en el lugar y el momento correctos. John McClane casi nunca vive bien, pero gana muchos espectadores porque siempre está en el lugar y momento equivocados. ¿Qué tiene que hacer el Atlético de Madrid para ganar o empatar con goles en Stamford Bridge? Algo diferente. No se puede ganar a John McClane intentando ser como John McClane, pero sí se puede meter un gol a John McClane disfrazándose de Torrente. Si yo fuera Simeone, diría a Diego Costa y compañía que se movieran por el terreno de juego como se mueve Torrente apatrullando la ciudad. Con música de El Fary, por supuesto. John McClane 0-Torrente 1.

5/2/14

LOS BEATLES ERAN DE SEATTLE


Lo van a conseguir. Lograron que viéramos las películas de Bob Hope, un cómico que sólo entienden los norteamericanos. También lograron que confundiéramos la felicidad con la Coca-Cola, que nos parezca raro que los Alcántara no celebren Halloween en algún capítulo de “Cuéntame cómo pasó”, que creamos que el himno de los Estados Unidos de América es también el himno de los Juegos Olímpicos, que identifiquemos democracia con bipartidismo, que estemos convencidos de que “sí, se puede” es la fórmula mágica para lograr cualquier objetivo, que las imágenes de un tornado llevándose por delante una casita de madera sean como de la familia y, glup, estoy seguro de que pronto dudaremos si los Beatles eran cuatro chicos de Liverpool o cuatro chavaletes de Seattle. Sí, lo van a conseguir. Van a conseguir que nos guste el fútbol americano.

Las cifras de la XLVIII edición de la Super Bowl (Canal+), el partido final del principal campeonato profesional de fútbol americano, son apabullantes. Un minuto de publicidad en el descanso de la Super Bowl es más caro que un kilo de Neymar. Cientos de millones de espectadores en todo el mundo estuvieron pendientes del partido entre Seattle Seahawks y Denver Broncos. Como bien sabe Leonard Hofstadter, un partido de fútbol americano dura un siglo. Puede que más. Y es incomprensible. No es misterioso, es incomprensible. Absolutamente incomprensible. Así, hay la misma diferencia entre un norteamericano y un europeo viendo la Super Bowl que entre un neurocirujano profesional y un neurocirujano aficionado. Pero lo van a conseguir. Como dice Jared Diamond, ¡ay de la planta cuyo programa genético no se adecue a la latitud del terreno en el que ha sido sembrada! Un granjero canadiense sería un insensato si decidiera plantar una variedad de maíz adaptada a desarrollarse en México. Las plantas de baja latitud se adaptan deficientemente a las condiciones de latitudes altas, y viceversa; pero los norteamericanos han conseguido que la Super Bowl, un espectáculo cuyo programa genético no se adecua al gusto europeo, no sólo no se muera en estas latitudes antes de haber producido una sola mazorca de maíz maduro, sino que cada vez alimente más madrugadas televisivas.

Lo van a conseguir. Los Beatles eran de Seattle y la Super Bowl es emocionante.

13/1/14

LA CULPA ES DE LOS GUIONISTAS

Hoy se celebra la siempre aburrida y previsible gala de entrega del Balón de Oro. Eso significa dos cosas. Primera. Tendremos que soportar la aburrida y grimosa sonrisa de Ronaldo si gana y tendremos que soportar la previsible y grimosa media sonrisa de Ronaldo si pierde. Segunda. Tendremos que escuchar un montón de discursos aburridos, previsibles y grimosos tan alejados del fútbol de carne y hueso como la moqueta del despacho de Joseph Blatter lo está del estadio de Las Gaunas. Tercera. Tendremos que soportar y escuchar a todos esos excelentes seres humanos que se ríen de la oratoria de Messi o de cualquier otro gran futbolista. De acuerdo, había dicho que la gala de entrega del Balón de Oro significa dos cosas, y no tres. Perdón. Pero la tercera es precisamente la que más nos interesa ahora.

La culpa la tienen los enormes guionistas que alimentan con su talento las bocas de James Spader en “The Blacklist” o de Kevin Spacey en “House of Cards”. Por culpa de esos guionistas los espectadores nos hemos acostumbrado a escuchar la palabra justa en el momento preciso, sin desperdicios ni tonterías. Por culpa de los guionistas televisivos hemos aprendido a reconocer a un torpe charlatán en dos segundos y medio. Vale. ¿Creen que Messi se expresa mal? ¿Y qué me dicen que todos esos abogados que ocupan los telediarios? ¿Han escuchado los ridículos balbuceos de Miquel Roca y de los tipos encorbatados que representan a políticos corruptos, a terroristas incorruptibles en su espantosa ignorancia, a exnosequé de nosequé con nosequé problemas y a presuntos asesinos que pronto serán carne de Telecinco? ¿Se puede hablar peor?

“Dedico este premio a mi familia, que siempre me ha apoyado, y también a mis compañeros, sin los cuales yo no estaría aquí”. ¿Creen que es una frase banal? ¿Y lo que dice Roca? ¿Y lo que se atreve a decir el abogado de Bárcenas? ¿Y ese abogado que pretende hacernos creer que el amor y la confianza de Cristina de Borbón en su marido son pruebas de que la infanta (“infanta”: qué horror de palabra) no fue cooperadora necesaria en los delitos de Iñaki Urdangarin? La gala del Balón de Oro es aburrida, y ningún futbolista es Cicerón. Pero Miquel Roca es un abogado de gala que cobra sus servicios a precio de oro. Por lo menos, que aprenda a hablar. O que contrate a un guionista.

16/10/13

ALONSO-HUR


Si digo que las carreras de Fórmula 1 me aburren porque me parecen siempre lo mismo, entonces tendré que callar cuando alguien me diga que las canciones de Manu Chao, las novelas de Agatha Christie, los partidos del Barça, el vermú de los domingos y los diálogos platónicos son aburridos porque siempre son iguales. Así que no lo diré. Sólo diré que las carreras de Fórmula 1 me aburren. Punto. Entonces, ¿por qué demonios me tragué el pasado domingo la carrera de Fórmula 1 (Antena 3) en el circuito japonés de Sukuza? La culpa no fue de Fernando Alonso, sino del escritor Santiago Posterguillo.

Posterguillo es el autor de un puñado de estupendas novelas ambientadas en la antigua Roma, y acaba de publicar “Circo Máximo”, segunda parte de la trilogía dedicada al emperador Trajano. En “Circo Máximo” hay emocionantes carreras de cuadrigas, un espectáculo que en Roma era tan popular (quizá más) que las luchas de gladiadores y que Posterguillo narra con un realismo que corta el aliento y una sabiduría digna de la mejor novela histórica. Nuestro escritor dice que las carreras de cuadrigas en el circo eran la Fórmula 1 del siglo I, aunque las carreras de cuadrigas eran muchísimo más peligrosas que las carreras de Fórmula 1, movían más dinero y muchas más pasiones. Los pilotos de carreras se juegan la vida en cada curva, pero la tecnología ha conseguido que cada vez haya menos accidentes. Los aurigas no tenían esa suerte, y no era raro que se produjeran muertes en una carrera. Supongo que ahora mismo usted se está acordando de la carrera de cuadrigas de “Ben-Hur”. Pues ahí vamos. Santiago Posterguillo asegura que Fernando Alonso le ganaría siempre a Judá Ben-Hur porque utilizaría la técnica del “diversium”, en la que los aurigas intercambiaban el carro con el del rival, y ahí Alonso sería imbatible porque sería como si corriera en Sukuza con el Red Bull de Vettel. A falta de carreras de cuadrigas en el Circo Máximo, tenemos circuitos de Fórmula 1, pero Alonso jamás ganaría a Ben-Hur en una carrera de cuadrigas porque Ben-Hur es el bueno, el mocín, el héroe. Y Fernando Alonso es un gran piloto, pero no es Charlton Heston. Me parece que Alonso insiste en estar más cerca de Mesala que de Ben-Hur, y por eso su coche rojo jamás ganaría a los caballos blancos de Ben-Hur. Y por eso en Sukuza ganó Vettel. Por eso y porque en la Fórmula 1 está prohibido el “diversium”, claro.

9/9/13

¡SOMOS RICOS!


Venga, arriba ese ánimo. Apague la tele que ya pasó todo. Hala, hala. No me diga que está usted de bajón porque la derrota olímpica le dejó cabizbajo y arruinado con un pedido de miles de muelles para construir la mascota Muellín con la que tenía pensado forrarse como Homer Simpson cuando Springfield optaba a ser sede de los Juegos Olímpicos ¿No vivimos en un país con una estúpida tradición que tiene el santo cuajo de afirmar que no hay mal que por bien no venga? Pues alégrese, que a ese juego infame no solo se puede jugar cuando hay un problema personal, familiar o laboral grave, también puede hacerse con las derrotas mediáticas. Yupi.

Por ejemplo, ahora quedan disponibles toda esa pasta y todos esos recursos que descubrimos que existían gracias a que había que transformar Madrid en sede olímpica. Si semejante dispendio es algo que, por fin estamos todos de acuerdo, no está por encima de nuestras posibilidades, y si encima gobernantes y gobernados convenimos en que este gasto no es tirar el dinero sino que genera puestos de trabajo, anima el mercado y dinamiza la economía, ahora podrá gastarse en otras cosas y todo irá cojonudamente. Como aquí tenemos esa tara que nos hace defender tanto la tele pública, arrimaremos el ascua a nuestra sardina y pensamos que bien podría recibir un empujoncito para no tener que limitarse a hacer programas de relleno pagados gracias al patrocinio de Campofrío con más voluntad que recursos.

Y si hay quien considere que los españoles no nos merecemos unos contenidos como los que ofrece la BBC, o que nuestra industria audiovisual no debe potenciarse porque es un sector sin proyección ni futuro, siempre podríamos volver a los clásicos: invertir más en sanidad y en educación públicas, apostar por un Consejo Superior de Investigaciones Científicas sin recortes y por unos jóvenes y no tan jóvenes investigadores con tan buenos recursos o incluso mejores que los que se ponen al servicio del deporte profesional. ¿Ve qué fácil? Pues arriba ese ánimo, que no hay mal que por bien no venga.

8/9/13

CANDIDATURA OLÍMPICA, DEPORTE OLÍMPICO

La presentación de ciudades candidatas a acoger los Juegos Olímpicos debe ser deporte olímpico. El dispendio que hacemos cada cuatro años para promocionar la candidatura de Madrid debe rentabilizarse mejor. Hay que aprovechar sinergias, aumentar la emoción, mejorar el medallero y ganar espectacularidad, a ver si se creen que aquí no manejamos la jerga habitual de este negocio.

Los integrantes de cada delegación deben federarse en este nuevo deporte, seleccionarse para competir gracias a las marcas obtenidas en pruebas oficiales y desfilar en la ceremonia de inauguración detrás del abanderado de cada país. Luego competirán como cualquier otro deporte, con su equipación específica de vídeos promocionales, respaldo público refrendado por encuestas de calle debidamente filtradas, masa de voluntarios fanatizados, apoyo de figuras de relumbrón con todos los gastos pagados, logotipos renovados en cada prueba, publirreportajes de la ciudad candidata donde se considere doping decir más de diez veces “marco incomparable” y “donde nadie es forastero”, periodistas supuestamente serios rompiendo el protocolo y mostrándose campechanos cual rey Juan Carlos cantando cosas como “Vente pa’ Madrid”, políticos populistas rentabilizando la ilusión popular y cadenas de televisión intransitables con sus parrillas puestas patas arriba para incluir programas chauvinistas que, no importa que se trate de un “Telediario”, canten el esfuerzo desplegado, critiquen a los demás con supuesto
buen rollo, disimulen haciendo parecer que no se trata de ganar porque lo importante es participar, exhiban un triunfalismo visceral que entretenga al pueblo pero entreverado de un victimismo sutil para preparar la derrota en el que se denuncie que hay quienes nos quieren mal llevados por intereses espurios que pueden hacer mucho daño. Todo ello bajo el escrutinio de un equipo de jueces y árbitros escogidos entre una élite de privilegiados que recibirán regalos a mansalva y serán tratados como reyes de los de antes (y de los de ahora, a quién vamos a engañar).

Y que viva el deporte profesional y la tele que lo venda.

27/8/13

1001 MANERAS DE MORIR


“He dicho que te bultes, mamá”, dice la chavalería muerta de risa imitando la voz de la animada Princesa Bultos de los dibujos “Hora de Aventuras” (Cartoon Network y Boing). Por su culpa, la muerte del “aventurero del aire” Álvaro Bultó en un accidente no sé si laboral me cortocircuitó: ahora que “bultar” es un verbo, en mi cabeza recalentada la Princesa Bultos repetía “He dicho que te bultes, Álvaro. Y Álvaro se bultó”. No, no es el momento de estúpidos juegos de palabras, así que vamos por otro lado.

Sospecho que la muerte de un personaje televisivo como Bultó será tarde o temprano una muerte televisada. Si vimos montones de grabaciones en las que se jugaba la vida, seguro que hay una grabación de cómo la perdió. Alguien la colgará un día, la recogerán los telediarios y la aprenderemos fotograma a fotograma como nos tuvimos que aprender la curva del tren de Santiago.

Con la impactante noticia del accidente vimos que esa forma de jugar con la muerte (que este año ya lleva veinte muertos, incluido el paracaidista que hizo de James Bond en la inauguración de los JJ.OO. de Londres) se puede llamar “el hombre pájaro” o “salto con traje de alas”, pero mola más “wingsuit flying” o “wingfly”. Tal vez, cuando el vídeo salga ayude además a desmitificar el divinizado deporte de riesgo, la glorificada aventura extrema y la celebrada vida al límite, en cuya órbita gira, no lo olvidemos, esa estupidez unánimemente despreciada del balconing.

Así son las cosas: no deberíamos habernos quejado tanto de “¡Mira quién baila!” y de “'Splash! Famosos al agua”, programas en los que Bultó nos dio la brasa bailando y saltando al agua. Mejor bailar con Anne Igartiburu y saltar al agua con Arturo Valls que esa manera 1001 de morir que aún no entiendo por qué se llama deporte y se promociona en la tele con más impunidad y menos vergüenza que las corridas de toros.

12/8/13

GEOGRAFÍA Y ECONOMÍA


Salvo catástrofe natural, en los telediarios siempre salen los mismos países. Y así no hay forma de aprender geografía. Viendo las noticias podemos aprender muchas cosas de Estados Unidos, de Francia, de Japón, de Egipto, de China, de Brasil y hasta de Corea del Norte, pero no hay manera de que algún día nos pique la curiosidad de saber dónde está Nauru, Tonga o San Pedro y Miguelón. Por eso hay que ver las series de clasificación de los 100 metros lisos en el Mundial de atletismo de Moscú (Teledeporte y Eurosport), porque podemos ver al jamaicano Usain Bolt paseando su cuerpo durante unos diez segundos (en la final su paseo será más rápido) y porque podemos saber que existe la isla de Montserrat.

Una serie de 100 metros en un Mundial de atletismo o en una Olimpiada es a la geografía lo que los guiones de “Bing Bang” son a la física o lo que un capítulo de “Bones” es a la antropología forense. Si es cierto que después de escuchar a Sheldon Cooper todos queremos saber más cosas de la Teoría de Cuerdas y llamar “Schrödinger” a nuestro gato, y que después de ver un capítulo de “Bones” es inevitable querer saberlo todo acerca del trocánter, también es cierto que después de ver una serie de 100 metros en un Mundial de atletismo es obligado abrir un atlas y descubrir que la isla de Montserrat está en el Caribe, al sureste de Puerto Rico. Gracias a los 100 metros lisos, y a la bendita curiosidad, también podemos enterarnos de que Maizie Williams, cantante del inolvidable grupo Boney M, nació en la isla de Montserrat. Y entonces a uno le entran unas ganas tremendas de escuchar “Rivers of Babilon” y “Ma Baker”, y al rebuscar entre los viejos discos aparecen las fotos de los Beatles que venían en el Álbum Blanco, perdidas en el último traslado. La alegría del reencuentro con John, Paul, George y Ringo me hace salir a la calle y tomar un par de cervezas en la terraza del bar de la esquina, desde donde veo a Usain Bolt ganar su serie. Gracias al Mundial de atletismo, descubrí la isla de Montserrat y, tras pasar por Boney M y los Beatles, contribuí al desarrollo económico de mi barrio. A ver si os enteráis de cómo funcionan las cosas, tontainas del Fondo Monetario Internacional.

2/7/13

POESÍA EN MARACANÁ


La banda sonora de la Copa Confederaciones de fútbol (Telecinco) no ha sido el rugido de los aficionados en Maracaná, sino la rabia de los ciudadanos en las calles de Brasil. Ver jugar a Neymar es una delicia, pero el fútbol no llena el estómago, ni paga el billete del autobús, ni soluciona los problemas en educación y sanidad, ni sirve para luchar contra la corrupción. Si los brasileños protestan en plena celebración de un campeonato de fútbol en el que participa su selección, es que algo está cambiando de verdad en Brasil. Ya no se trata de que Brasil se convierta en el centro del mundo a golpe de organizar campeonatos de fútbol. Brasil es el centro del mundo porque los brasileños aprovechan la Copa Confederaciones para que todos escuchemos sus gritos en las calles. Y en esto llegó Pelé y mandó callar.

Pelé pidió a sus compatriotas que dejen de protestar y que se concentren en apoyar a la selección. No es la primera vez que Pelé confunde el fútbol con la vida. Romario, su viejo enemigo, dijo que Pelé en silencio es un poeta. Maravilloso. Los futbolistas no deben tener la arrogancia de pedir silencio a los ciudadanos, sino limitarse a hacer poesía jugando al fútbol. Si la literatura es la tumba de la poesía, como sentenció Agustín García Calvo, las declaraciones de los futbolistas suelen ser la tumba de la poesía del fútbol. Los españoles hemos seguido con interés el juego de nuestra selección en la Copa Confederaciones por muchos motivos, pero uno de ellos es la grandiosa capacidad de Del Bosque para dar al fútbol lo que es del fútbol y a la vida lo que es de la vida. Iniesta, Ramos, Xavi y compañía juegan muy bien al fútbol, pero Del Bosque jamás caerá en la tentación de convertir la poesía del fútbol en literatura de la vida. Es decir, Del Bosque es un poeta del silencio porque entiende que un seleccionador no es nadie para mandar callar a la calle.

Sigmund Freud afirmó que las sustancias tóxicas y la manía simple son los medios más eficaces frente al sufrimiento, porque nos permiten retirarnos de la dolorosa realidad para encontrar refugio en nosotros mismos. Si es así, los brasileños nos han enseñado que el fútbol ya no es una sustancia tóxica ni una manía simple porque es posible animar a nuestro equipo sin retirarnos de la dolorosa realidad. Poesía en Maracaná y literatura en las calles.