08 septiembre 2013

CANDIDATURA OLÍMPICA, DEPORTE OLÍMPICO

La presentación de ciudades candidatas a acoger los Juegos Olímpicos debe ser deporte olímpico. El dispendio que hacemos cada cuatro años para promocionar la candidatura de Madrid debe rentabilizarse mejor. Hay que aprovechar sinergias, aumentar la emoción, mejorar el medallero y ganar espectacularidad, a ver si se creen que aquí no manejamos la jerga habitual de este negocio.

Los integrantes de cada delegación deben federarse en este nuevo deporte, seleccionarse para competir gracias a las marcas obtenidas en pruebas oficiales y desfilar en la ceremonia de inauguración detrás del abanderado de cada país. Luego competirán como cualquier otro deporte, con su equipación específica de vídeos promocionales, respaldo público refrendado por encuestas de calle debidamente filtradas, masa de voluntarios fanatizados, apoyo de figuras de relumbrón con todos los gastos pagados, logotipos renovados en cada prueba, publirreportajes de la ciudad candidata donde se considere doping decir más de diez veces “marco incomparable” y “donde nadie es forastero”, periodistas supuestamente serios rompiendo el protocolo y mostrándose campechanos cual rey Juan Carlos cantando cosas como “Vente pa’ Madrid”, políticos populistas rentabilizando la ilusión popular y cadenas de televisión intransitables con sus parrillas puestas patas arriba para incluir programas chauvinistas que, no importa que se trate de un “Telediario”, canten el esfuerzo desplegado, critiquen a los demás con supuesto
buen rollo, disimulen haciendo parecer que no se trata de ganar porque lo importante es participar, exhiban un triunfalismo visceral que entretenga al pueblo pero entreverado de un victimismo sutil para preparar la derrota en el que se denuncie que hay quienes nos quieren mal llevados por intereses espurios que pueden hacer mucho daño. Todo ello bajo el escrutinio de un equipo de jueces y árbitros escogidos entre una élite de privilegiados que recibirán regalos a mansalva y serán tratados como reyes de los de antes (y de los de ahora, a quién vamos a engañar).

Y que viva el deporte profesional y la tele que lo venda.