13 enero 2014

LA CULPA ES DE LOS GUIONISTAS

Hoy se celebra la siempre aburrida y previsible gala de entrega del Balón de Oro. Eso significa dos cosas. Primera. Tendremos que soportar la aburrida y grimosa sonrisa de Ronaldo si gana y tendremos que soportar la previsible y grimosa media sonrisa de Ronaldo si pierde. Segunda. Tendremos que escuchar un montón de discursos aburridos, previsibles y grimosos tan alejados del fútbol de carne y hueso como la moqueta del despacho de Joseph Blatter lo está del estadio de Las Gaunas. Tercera. Tendremos que soportar y escuchar a todos esos excelentes seres humanos que se ríen de la oratoria de Messi o de cualquier otro gran futbolista. De acuerdo, había dicho que la gala de entrega del Balón de Oro significa dos cosas, y no tres. Perdón. Pero la tercera es precisamente la que más nos interesa ahora.

La culpa la tienen los enormes guionistas que alimentan con su talento las bocas de James Spader en “The Blacklist” o de Kevin Spacey en “House of Cards”. Por culpa de esos guionistas los espectadores nos hemos acostumbrado a escuchar la palabra justa en el momento preciso, sin desperdicios ni tonterías. Por culpa de los guionistas televisivos hemos aprendido a reconocer a un torpe charlatán en dos segundos y medio. Vale. ¿Creen que Messi se expresa mal? ¿Y qué me dicen que todos esos abogados que ocupan los telediarios? ¿Han escuchado los ridículos balbuceos de Miquel Roca y de los tipos encorbatados que representan a políticos corruptos, a terroristas incorruptibles en su espantosa ignorancia, a exnosequé de nosequé con nosequé problemas y a presuntos asesinos que pronto serán carne de Telecinco? ¿Se puede hablar peor?

“Dedico este premio a mi familia, que siempre me ha apoyado, y también a mis compañeros, sin los cuales yo no estaría aquí”. ¿Creen que es una frase banal? ¿Y lo que dice Roca? ¿Y lo que se atreve a decir el abogado de Bárcenas? ¿Y ese abogado que pretende hacernos creer que el amor y la confianza de Cristina de Borbón en su marido son pruebas de que la infanta (“infanta”: qué horror de palabra) no fue cooperadora necesaria en los delitos de Iñaki Urdangarin? La gala del Balón de Oro es aburrida, y ningún futbolista es Cicerón. Pero Miquel Roca es un abogado de gala que cobra sus servicios a precio de oro. Por lo menos, que aprenda a hablar. O que contrate a un guionista.