11 junio 2015

EL NILO Y EL FUTBOL

Escuchando a los opinadores de ultraderecha moderada que nos iluminan desde las tertulias de moderada ultraderecha que llenan la programación nocturna de las cadenas de ultraderecha moderada hemos aprendido que los pitidos al himno de España en la final de Copa es el gran problema de nuestro país después, eso sí, de la amenaza comunista que se esconde detrás de la coleta de Pablo Iglesias. Ante el supuesto ultraizquierdismo de Pablo Iglesias solo se me ocurre imitar a Sheldon Cooper cuando Rajesh y Howard le anuncian que han encontrado la pareja perfecta para él en una web de encuentros y nuestro físico teórico favorito se limita a soltar un bufido y levantar los brazos, exhausto por las constantes estupideces de sus amigos. En cuanto a la pitada al himno de España, no sé si habría que agarrarse al mismo argumento que los seguidores de “Gran Hermano” utilizan para defenderse de los ataques de sus críticos: “Si no te gusta, no lo veas”. Si no te gusta que miles de personas piten al himno de España, baja el sonido del televisor.

Más que el escándalo que la famosa pitada supone para oídos patrióticos, a algunos nos sorprende la atención que muchos tertulianos de ultraderecha moderada dedican al fútbol desde que el Barça gana títulos con la misma facilidad con la que Andrés Calamaro compone canciones. Sheldon Cooper pondría su prepotente cara de escarnio al escuchar las críticas a la utilización del Barça por parte del independentismo radical y a la deriva antiespañolista de un club que es más que un club, pero yo creo que los críticos del Barça son como ese personaje de la película “Muerte en el Nilo” que viaja en un crucero de lujo por el Nilo para estudiar la decadencia del sistema capitalista. El Barça es un maravilloso equipo de fútbol, y la única manera que tiene un tertuliano de la caverna de ver partidos del Barça sin que eso suponga una mancha en su hoja de servicios es decir que lo hace para estudiar el ataque culé a España. Al lector de Marx de “Muerte en el Nilo” le gustaba el Nilo y Egipto, y a los tertulianos nocturnos que ven partidos del Barça les gusta Messi y el fútbol. ¿Y qué? ¿Desde cuándo un comunista no puede hacer un crucero por el Nilo y un ultraderechista moderado no puede disfrutar del fútbol viendo jugar al mejor equipo del mundo?