29 septiembre 2008

CONTROL

Qué ganas tenemos de quejarnos. Criticamos que la tele se adueña de nuestras vidas, de nuestras familias, de nuestros niños, y va a resultar que tururú, que solo son ganas de quejarnos. Porque habrán visto que luego, cuando se lanza una bomba en forma de Encuesta de Infancia en España 2008, como ocurrió hace dos semanas, no pasa nada de nada.

Esta encuesta (hecha por varias organizaciones católicas, dicho sea de paso) nos cuenta lo malísimamente mal que le van las cosas a los niños: 350.000 chiquillos de 6 a 14 años pasan las tardes solos en casa, más de 70.000 cenan sin sus padres, el 27 por ciento (¡casi un millón!) dicen sentirse solos en casa al volver del cole, 350.000 piensan que sus padres están poco con ellos porque trabajan demasiado y 15.000 están en situación de incomunicación extrema. Coño, con este mercado potencial las teles tenían que estar haciendo su agosto aprovechándose de tanto rapacín suelto y no parece que lo estén haciendo.

Ya sabemos que el argumento que usan en estos casos las cadenas es el que les conviene: la responsabilidad de lo que ven los chavales no es suya sino de sus padres, que tienen que vigilar (sorprende lo parecida que fue aquella carta que envió a La Nueva España un pederasta diciendo que eran los padres quienes debían estar más pendientes de sus hijos para que no les pasara nada). Si los padres lo hacen (lo hacemos) tan mal como dice la encuesta del principio, ¿por qué no hay un millón de niños idiotizados en manos de la tele cada tarde? ¿Porque la tele renuncia a aprovecharse de ellos? No, claro, esto pasa porque la tele no es capaz de hacer bien su trabajo y hay un montón de chavales que cada día escapan a su maligna pretensión de control total sobre la población infantil. Así que podemos estar tranquilos y dejar de quejarnos sin motivo: la incapacidad y torpeza de la caja tonta juega a nuestro favor.

1 comentario:

Lilith dijo...

Oye, no viene a cuento de la entrada pero me intriga ese anuncio de contactos criticales. ¿La tarifa de 1200 es negociable? Me apetecería una sesión en parque público, con unas cañas, para crítica televisiva, de la vida y lo que surja. ¿Tengo opciones? Soy maja y a veces digo cosas interesantes. Puedo compensar las veces que meto la pata con una habilidad pasmosa para la demagogia. Espero respuesta, gracias.

Y respecto a las iniciativas católicas de mantener a la mujer en casa (que en el fondo no es más que eso) debo decir que la calidad importa más que la cantidad y que si te sientes solo porque realmente estás solo siempre te queda la esperanza pero que si te sientes solo estando acompañado sólo te queda la desesperación. Y el síndrome del emperador.