17 septiembre 2008

LA MANO (IN)VISIBLE



El programa “Tengo una pregunta para usted” (TVE-1) se inspira en las teorías del filósofo escocés Adam Smith, que decía que la combinación del interés personal, la propiedad y la competencia entre vendedores en el mercado produce, gracias a una “mano invisible”, el bienestar general de la sociedad. Así, la combinación de los intereses personales de los ciudadanos elegidos para preguntar, la propiedad del formato televisivo por parte de la televisión pública y la competencia entre políticos-vendedores en el mercado televisivo conduciría también al bienestar e información de los espectadores. ¿Es así?

No exactamente. Los ciudadanos elegidos para preguntar parten de sus intereses personales, por eso el pasado lunes Gallardón tuvo que responder a ciudadanos que se dirigían a él “como joven”, “como mujer” o “como bilbaína”, y escuchamos hablar de “mi” pensión o de la falta de polideportivos en la Manga del Mar Menor. Pero otros intereses personales iban por el lado del espectáculo, y buscaban la gloria efímera de la pregunta de la que todo el mundo habla durante un par de días: ocurrió con el precio de un café y ocurrirá con el cigarrillo del joven que se definió como “ateo político”. La televisión pública dirige “Tengo una pregunta para usted” con mano no precisamente invisible, y tiene buen cuidado a la hora de elegir a los políticos (o seleccionadores de fútbol) que se someten a las preguntas de cien ciudadanos, y el día de emisión (mejor competir contra “Física o química” que contra un partido de la Liga de Campeones). Y, por fin, Gallardón y todos los políticos saben que están vendiendo un producto y, como buenos academicistas, creen que lo importante no es lo que se pinta, sino pintarlo bien. Se equivocan, pero el mercado funciona así. Luego no se equivocan.

Gallardón tardó unos segundos en recordar que tenía que sacar el boli de su chaqueta y sostenerlo con la mano derecha. Se dirigía a los ciudadanos por su nombre. Fue educado, simpático, y respondió a las preguntas tal y como está escrito en el manual del buen político en el mercado. Como dice el director de cine Ridley Scott, a veces en el diseño está lo que se quiere decir. El diseño de Gallardón fue elocuente, pero no sé si convenció a la mano visible que controla el mando a distancia y, a veces, vota.