08 septiembre 2010

MACARRA HORTERA

Es como si hace tiempo un tipo se hubiera enfrentado a un conductor temerario que iba haciendo eses por la M-40 con más del triple del máximo permitido de alcohol en sangre, y por interponerse para evitar un accidente muy gordo, fuera atropellado con saña, quedando en coma y sufriendo unas secuelas terribles. Es como si, entonces, todos (las teles las primeras) nos hubiéramos puesto de acuerdo para subirlo a un pedestal y hasta se le hubiera nombrado presidente del Consejo Asesor del Observatorio Regional contra la Conducción Temeraria de la Comunidad de Madrid. Y es como si, por último, todos volviéramos a ponernos de acuerdo (las teles las primeras) para condenar al tipo al saber que había sido sorprendido abalanzándose con un garrote sobre una mujer indefensa y encima dijera que no tenía por qué dimitir, que no había hecho nada inmoral ni ilegal, que le hacía gracia la sentencia del juez que le condenaba por maltratador.

O sea, que da igual el canal que sintonices: la misma unanimidad que alcanzaron primero todos los programas de televisión haciendo de Jesús Neira un héroe, se logra ahora haciendo de él ahora un villano. Todo puede someterse a discusión menos la oscilante doble naturaleza ondulatoria y corpuscular de Neira. Y tanto consenso, en otras ocasiones sospechoso, tiene esta vez la capacidad de contar con la aprobación del espectador y, si se me permite, de la crítica.

Pero la conclusión a la que podemos llegar viendo cómo coinciden los telediarios y los magacines informativos no es que la fortaleza moral humana es débil o que el juicio social es voluble, sino que por fin parece que tenemos claros algunos principios (lo repugnante del maltrato, lo deleznable de la conducción temeraria del macarra hortera que va a toda hostia por la carretera) que por desgracia hasta hace muy poco la sociedad no tenía tan claros. “Hago lo que quiero, es mi mujer” nos hace hoy la misma gracia que “¿Y quién le ha dicho a usted que quiero que conduzca por mí?”. Mejor así.

2 comentarios:

david dijo...

Me temo, Antonio, que la sociedad seguirá siendo voluble respecto a esto último de que el bien común está por encima de la libertad individual. Ni siquiera sé si alguien más ha reparado en eso de que nos hemos puesto de acuerdo, puesto que cuando la gente se dé cuenta, lo rechazará y volverá a al estado original de enfrentamiento.


A mí todo esto me recuerda a esa última escena del caballero oscuro, en el que el bueno muere, el malo es detenido y el justiciero es perseguido para mayor gloria del fiscal, para que la gente tenga un refente de justicia.

El malo fue detenido y su novia abucheada por defenderle y cobrar. Neira ha terminado como un villano, un justiciero perseguido para mayor gloria de los medios, los justos, que reparten a diestra y siniestra con editoriales y manuales de estilo y que alimentan ese magma de opiniones de un día, que comentan la actualidad en version novelada. Sin duda, ellos son los que se han llevado el gato al agua comprando información y vendiéndola con sobretasa.

De aquí a un mes volveremos a oir hablar de Milton Friedman mucho más que de ética y educacion cívica. Al tiempo.

Santi dijo...

Las causas por las que luchar seguirán funcionando por modas, así que casi resultaría interesante que las modas durasen menos para poder abarcar todas las situaciones injustas del planeta. Si El Corte Inglés se inventa un día de la causa solidaria (porque para ellos es solidaridad, no justicia) gustosamente nos convertiremos todos en activistas. Mientras tanto seguiremos asistiendo a un desfile de opiniones totalmente polarizadas y previsibles que podremos prever con sólo mirar la mosca de la cadena que estemos viendo, sin si quiera haber escuchado o leído ni una palabra de la persona que esté hablando en ese momento. También cabe recordar que la derecha radical piensa que todas las cadenas que no son convervadoras son de izquierdas y, por lo tanto, partidarias del PSOE, lo cual es absurdo porque ni el PSOE ni ninguna televisión puede ser considerada de izquierdas últimamente. Eso sí, existen cadenas que admiten todo tipo de opiniones y cuyas caras más conocidas son manifiestamente progresistas, pero personalmente sigo viéndolas como empresas privadas.