17 septiembre 2012

PORNO EN ABIERTO


Creemos estar protegidos y no lo estamos. Pensamos que nuestra sociedad hipertecnológica nos garantiza una vida sin sobresaltos y no es así. Hay ejemplos. El cielo ya no se va a caer sobre nuestras cabezas, pero un avión de Ryanair puede hacer en ellas un aterrizaje de emergencia. Una plebeya y vulgar mortal puede protagonizar la versión real y cañí de “Pretty woman”, pero luego en los telediarios tenemos que aguantar que aprovechan cualquier ocasión para divinizarla, incluida la feliz ocasión en que se corona como cuarentona. O podemos encontrarnos con que, estando en un frío y aséptico hospital acompañando a un familiar enfermo, el compañero de habitación echa una moneda al televisor del cuarto y se pone a ver tranquilamente porno en abierto: justo lo que me pasó el sábado por la tarde.

Intentaba leer mientras vigilaba una siesta ya demasiado larga cuando el acompañante de la cama vecina puso Telecinco con toda la tranquilidad del mundo. No preguntó. Ni siquiera cambió de canal al ver que la orgía sobona de “Qué tiempo tan feliz” inundaba la habitación. Un montón de gente se sentaba en esa postura provocativa de corro alrededor de un invitado que tiene que atenderlos a todos. Pobre Mª José Cantudo. Pobre de mí. Dios mío, qué vergüenza, ¿y si entraba alguien en la habitación y nos pillaba viendo a Terelu cantando “Pichi, es el chulo que castiga”? Los enfermos roncaban, pero no lo bastante. Mi vecino comía pipas con tan mala educación que apenas hacía ruido. Así que las conversaciones obscenas se entendían perfectamente. Daba igual no mirar. No podía evitar ser consciente del impúdico trabajito que le estaba haciendo Teresa Campos a Jesús Vázquez para promocionar su nuevo programa. Qué bochorno.

El acompañante de al lado salió a fumar y me dejó la tele encendida. Dios mío, qué hago. Entró una enfermera tomar la temperatura a los enfermos. Un primer plano de Torito ocupaba toda la pantalla sin dejar nada a la imaginación. Me puse colorado y fingí estar absorto leyendo.