01 septiembre 2012

SÍNDROME TELEPOSTVACACIONAL

La televisión también padece el síndrome postvacacional. No me refiero a Pablo Motos o a Ana Rosa Quintana. Me refiero a la propia televisión como medio, como hermano mayor, como hipótesis de trabajo, como entelequia. No quiero decir que a Matías Prats le duela ligeramente la cabeza la primera mañana que se reincorpore a trabajar o que a Jorge Javier Vázquez le cueste especialmente levantarse de la cama ese mismo día. Quiero decir que serán las propias cadenas las que, a partir de hoy y durante unos días, se encuentren particularmente desganadas, irritables, ansiosas. Durante dos o tres capítulos del desenlace de la séptima temporada de “Amar en tiempos revueltos” no ocurrirá nada destacable; la propia Plaza de Frutos parecerá fofa, desarreglada, como dibujada por Chumy Chúmez; Héctor y Asun discutirán por cualquier tontería. Los debates de “Al rojo vivo” se oirán con sordina, como a lo lejos. La peña de “Mujeres y hombres y viceversa” aparecerá en pantalla recién levantada de la cama, despeinada y sin maquillar; la misma Emma García presentará el programa medio tumbada en la escalera, en pijama y con las uñas sucias.


Después de un par de meses viviendo de las reposiciones más chuscas y los programas más baratos comprados en los outlets catódicos, es normal que resulte duro adaptarse a la rutina de una nueva temporada. Sólo deberíamos preocuparnos si el problema comienza a extenderse demasiado en el tiempo, si a mediados de septiembre Petancas, -la nueva hormiga de “El hormiguero”-, tiene tan poca gracia como la tuvo en su aparición inicial en “Espejo público”, si todas las cadenas siguen hablando veinticuatro horas al día de ese hombre de Borja, si Curro Jiménez sigue emboscando a franceses y afrancesados en el atardecer de La 2 una vez entrado el otoño.  Pero no va a ocurrir. "El intermedio" regresa mañana lunes, y eso, por sí solo, ya es una sacudida suficiente para que todo el mundo de la televisión española supere el síndrome postvacacional de un golpe de riñón.