05 marzo 2015

CUÉNTAME CÓMO NO PASÓ


Sonia Monroy mola, pero mola más Anna Allen. Y se puede demostrar.

Sonia Monroy mola porque es una ciudadana ejemplar. Sabe aprovechar esta ola que nos arrastra y nos tiene a todos empapados de ideología economicista de todo a cien. No tiene, como quienes cuestionan la bonanza de los grandes números, la cabeza llena de pájaros. No pierde el tiempo criticando la situación ni malgasta energía proponiendo alternativas. Es una mujer emprendedora, industriosa y sagaz. Si la fama tontorrona y  fútil que le permitía ganarse la vida en “Crónicas marcianas” y “Supervivientes” se pasa, de nada sirve lamentarse. Se hace otra. Gracias a este arremango de española de raza, se lió la manta a la cabeza, la bandera al cuerpo serrano y se plantó en la entrega de los Oscar para recuperar popularidad y vendernos su producto: ella misma. Y ahí la tenemos triunfando de nuevo en “Sálvame”, ocupando la pantalla de la cadena líder de audiencia, siendo el centro de atención de los más importantes líderes de opinión del país (con permiso de Belén Esteban, que en reparto de papeles de este mes no le toca opinar sino ser opinada).

Pero mola más Anna Allen, porque es la ejemplaridad ciudadana hecha carne mortal. Haber sido la novia de Toni Alcántara en “Cuéntame cómo pasó” y poco más no da mucho de sí, así que nuestra heroína remó hacia la ola maldita, se subió a ella y la surfeó. Emprendedora, industriosa y sagaz, sí, pero no a lo loco. La competitividad es lo primero. Sonia Monroy tiró el dinero en banderas y viajes a Los Ángeles cuando con el photoshop te plantas en cualquier sitio sin gastos. En Telecinco andarán como locos para ficharla. Con una mujer así en plantilla no necesitarían tantos guionistas estrujándose las meninges con escándalos y trifulcas para alimentar su hoguera de las vaciedades. Lo que no sabemos es si Anna Allen firmará para ellos o está pensando en crear su propia cadena televisiva con photoshop para ganar el cielo neoliberal logrando, al fin, el autoempleo.