02 diciembre 2015

BANG

Existe una serie documental titulada “Las grandes batallas de tanques”, y se emite en el canal Odisea. Duele. Muchos veríamos con interés y sin problemas intestinales un documental sobre las grandes batallas navales de la antigüedad o los grandes asedios en la Edad Media porque la antigüedad y la Edad Media tienen la enorme ventaja dramática de que están tan lejos de nosotros que sus guerras ni huelen ni duelen. Otra cosa es una batalla de tanques que está ahí al lado, justo a la vuelta de la esquina de la historia. Sin embargo, el olor y el dolor de una batalla de tanques en la guerra del Vietnam no debería impedirnos entender alguna que otra lección como, por ejemplo, la siguiente: “Los tanques americanos no fueron rivales para las tácticas no convencionales de los comunistas”. No sólo un artefacto casero en una caja de madera podía inutilizar un tanque, sino que los tanques estadounidenses no servían de nada ante un ejército norvietnamita que desaparecía bajo tierra con la misma facilidad con la que un marine abría una lata de Coca-Cola. ¿No hemos aprendido nada de los documentales sobre las grandes batallas de tanques que emite el canal Odisea?

¿Nuestros políticos van a cometer los mismos errores que cometieron los estadounidenses en Vietnam? ¿Queremos utilizar aviones de guerra carísimos contra baratísimos cinturones explosivos que se llevan por delante a unos ciudadanos que disfrutan de un café en una terraza de París? ¿De verdad vamos a solucionar el terrorismo poniéndonos de acuerdo en bombardear más y mejor a unos tipos que desaparecerán bajo tierra con la misma facilidad con la que Bertín Osborne pasa de entrevistar a la nieta de Franco a charlar con el secretario general del PSOE? Nadie tiene ni idea de lo que hay que hacer frente a la barbarie, así que propongo arrojar sobre eso que llaman “Estado islámico” miles de DVDs con el capítulo de “Big Bang” en el que Sheldon Cooper explica a Penny qué es la física enviándola a una cálida tarde de verano del año 600 a. C., cuando ha acabado sus compras en el mercado local o ágora. La fascinante aventura intelectual que comenzó en una tarde de verano en Grecia no debe concluir en una masacre en las calles de París. Las bombas no pueden derrotar a los cinturones explosivos, pero la  geometría de la razón sí. O puede que no, pero confío más en el “Big Bang” que en el “Bang”.