01 diciembre 2015

EL DINERO HUELE


Desconfío de los bancos que se anuncian como si fueran perfumes tanto como desconfiaría de los perfumes que se anunciasen como si fueran bancos. ¿Se imaginan un anuncio que llenara la pantalla de siglas y cifras decimales, que prometiera rentabilidades y se declarara libre de comisiones, y que al final resultara que nos pretende vender un aroma? Pues de la misma manera se me encienden todas las suspicacias, me pongo de uñas y sospecho que me están queriendo engañar, cuando veo a Rafa Nadal y John Carlin -o a Leticia Dolera y José Coronado, o a Juan Luis Arsuaga (¡Juan Luis Arsuaga!) y Miguel López Alegría-, charlar distendidamente en blanco y negro, paseando por un camino rural, sentados en cómodos sillones o apoyados en una barandilla frente al mar. No dicen más que tonterías, vaguedades. Ríen y la realización destaca la risa con planos cercanos. La tipografía es elegante y sofisticada. Pero no es un perfume lo que se está vendiendo. Es un banco, el Banco Sabadell, un lugar donde guardar el dinero, obtener rentabilidades y pagar comisiones.

“El dinero no huele”, dijo Vespasiano cuando su hijo Tito le recriminó que grabara con un impuesto la recogida de orina en la Cloaca Máxima por parte de los artesanos que la usaban para curtidos y telas. La publicidad del Banco Sabadell no sólo afirma que el dinero sí huele, sino que va más allá y concluye que el dinero es únicamente un olor, un olor cursi, mentiroso, como el del hilo musical, como el de los ascensores, como el de las nubes y las cosas que no huelen. ¿A qué huelen las cosas que no huelen? se preguntaba uno de los anuncios publicitarios más idiotas de la historia. Ahora lo sabemos: al dinero que se guarda en el Banco Sabadell. A lo mejor es que es verdad que la crisis ha terminado y podemos volver a hacer lirismo vacío con el dinero que vuelve a sobrarnos. O a lo mejor es que la crisis continúa y los bancos ya han aprendido que los clientes son todo lo tontos que les apetezca a los bancos que sean.